jueves, 27 de febrero de 2014

No te confíes, vengo a por ti, Maratón de Sevilla


Sevilla, 23 de febrero de 2014 – 9:00 horas

Soy madrileña, he nacido en esta ciudad y así me considero, además amo su estrés, sus prisas, sus atascos, sus agobios en el metro… es algo que descubro cada vez que dejo Madrid, principalmente si llego a un lugar más pequeño y tranquilo. Eso hasta que me bajo del Ave, en Santa Justa, Sevilla, y entonces mis raíces se remueven y algo me grita que también soy andaluza, por mis padres cordobeses, y entonces se me mete muy dentro ese tomarse la vida de otra forma, el acentillo de la gente del sur, que me encanta… Por eso, me apetecía especialmente correr mi segundo maratón aquí, el primero en casa, el segundo algo cerca de mis orígenes…

He llegado con un equipaje que pesa y otro que me aligera la carga cada vez que lo recuerdo, el apoyo de los míos, todos esos mensajes de amigos, conocidos, mis tuiteros, mi gente de Facebook. Esas palabras que van calando, y se van posando muy dentro y hacen que la fuerza esté arriba y las ganas de luchar la prueba, muy viva.

Os deseo a todos los que os enfrentéis a una prueba tan dura como es el maratón que nunca os falte una frase de aliento, un comentario positivo (aunque sea mentira) del tipo: “tú puedes, lo vas a lograr…”. En las horas previas, con las dudas, los temores… y todo lo que hace que nos tambaleemos un poco, es lo que nos protege de que no salgamos corriendo justo en dirección contraria a la que se celebrará el maratón.

Dejo todo preparado sobre la mesa, repasado un par de veces, para asegurarme de que por la mañana no voy a olvidar nada, ni que tendré que estar rebuscando en la maleta, nerviosa.

El domingo del maratón no comienza a la hora en que realmente me levanto. Ese domingo del maratón comienza muchas horas antes, justo cuando el sobresalto me despierta porque ¡no consigo alcanzar la meta, se aleja y aleja…! y eso es justamente a las 4:30 de la madrugada. Después el sueño viene…, va…, nada de forma continua.

En este día no me juego nada, mi desayuno habitual ha venido conmigo. Traigo de mi casa un termo con café (sin leche, claro), mi pan, mi paté y las pastillas antidiarreicas, porque después de leer que durante el maratón los intestinos se descontrolan no pienso correr ninguno sin ellas. Menos mal que traje los geles habituales, en la Feria del Corredor no los había.

El autocar nos traslada hasta el Estadio de la Cartuja. Por la vuelta a Andalucía parte de la ciudad está cortada y damos un amplio rodeo que nos permite ver algo más de la ciudad.


Bajo tranquila hasta el hall del hotel. Me subo al autocar y los nervios parecían que me aguardaban en ese asiento. Veo muchas caras que también andan muy parecido o peor que yo, como Valentín que debuta aquí, a Rai le veo ya en su línea habitual… Intento contestar algunos mensajes de la noche anterior, me tiemblan las manos y decido dejar el móvil para un momento mejor.



Hasta llegar al ropero hay un montón de fotógrafos de la organización del maratón que nos van parando. Carlos Mascías, Alberto Barrantes y alguno más van cantando, dando la nota… No quiero fotos, ni hablar, sólo quiero que den las 9 y el pistoletazo de salida me lance carretera adelante.

Entramos todo el Equipo en el cajón de 3:30-3:45 horas. Suena a todo volumen AC/DC y su “Highway to hell”.



Nos vamos deseando suerte y ya se comienzan a ver los pequeños subgrupos formados para afrontar la prueba. Es curioso cómo las chicas nos separamos y está claro que cada una va a luchar sola, con sus medios, Amalia -se conecta la música-, Iri -mira al suelo-, Arancha –sigue sonriendo-, y por supuesto yo que en éstos minutos de espera ya no puedo ni hablar, les miro pero no contesto a lo que hablan, necesito ese momento de concentración, de paz interior que me dé seguridad, centrar la cabeza por encima de los nervios, del ruido, de los gritos de Carlos Mascías y Alberto Barrantes, de la cháchara constate de los que no conozco y siguen como si esto fuese una casa de apuestas con lo de en el km tal a tanto, y en el siguiente a… Nunca me he planteado correr un maratón dependiendo de nada, si corro con un compañero y en un momento de bajón (como es lógico) tira y me abandona ¿a qué me agarro?; si cuando lleguen las dificultades espero que la música me salve y falla la batería o cualquier otra cosa ¿qué me ampara?... En el maratón surgen muchos imprevistos con los que no contamos.


Desde donde estoy no escucho el pistoletazo de salida, advierto que los de delante comienzan a moverse y conecto el crono y el pulsómetro. ¡Funciona como un bálsamo, los nervios se despejan, ya solo pienso en correr! He decidido apostar fuerte, hacer el maratón a ritmo más alto que el anterior, aquí puede ser posible, en Madrid, sería impensable, por una vez me apetece probarlo, en el anterior disfruté, en éste veremos qué pasa.



Noto que la gente empieza muy fuerte, es por el cajón desde el que hemos salido todo el Equipo. La zona es amplia, corremos bien, sin aglomeraciones. En los primeros kilómetros voy pendiente de la ciudad, no cuesta nada avanzar, las calles son estrechas comparadas con las de Madrid. Me fijo en las pocas mujeres que llevo alrededor, apenas tres o cuatro. Así transcurre el tiempo y llego al km5. De momento, voy cómoda, hasta ver el desastre que supone el primer avituallamiento. La carretera encharcada, todo el suelo regado de tapones, vasos de papel y de plástico pisados, ni un centímetro libre. No quiero imaginar lo que tendrán que saltar los que vienen detrás, ¡qué poco compañerismo, qué falta de respeto hacia al resto de corredores! Sólo está colocado al lado derecho y los corredores que lo ignoran comienzan a cruzarse la carretera desde el lado izquierdo. No paro, llevo agua encima.

En el km7 alguien me grita: “qué bien corres guapa, te veo genial”, me saluda con la mano y me desea suerte. Es un africano con un montón de bolsas en el suelo que se ha quedado en medio de la carretera al que se le ve muy divertido con la carrera. Unos chicos entre risas me comentan: “ya te ha salido un admirador y todo”. Dame tiempo, amigo, pienso, y descubrirás lo bien que corro.

El resto del tramo transcurre sin mucha novedad, pasamos delante de la Torre del Oro, alguien comenta: ¡pues qué enano que es esto!, de la Maestranza. Comienzo a notar el calor. Descubro un reloj con 16º.



En nada estamos en el km10, allí anda Loli Cobos, ni me ve, le grito y se pone a chillar y a animarme. He conseguido hacer los primeros 10kms en poco más que mi marca en esta distancia. Bueno… acabamos de empezar.

En el km15, pasamos delante del hotel en el que estamos alojados y de la Macarena. Hay un montón de gente, entre ellos Loli, nuevamente, que salta y grita y contagia a los que están alrededor que también me animan. Llevar el dorsal personalizado con el nombre desconcierta, en el sentido de que alguna gente grita mi nombre y no me da tiempo a saber si son conocidos o no. Y llega el momento de ese orgullo femenino, esas mujeres que me gritan: “con un par de ovarios, qué poquitas sois y qué mérito mi alma”, se me eriza la piel al recordarlas, ¡quiero una foto de esas mujeres con el puño en alto! Y de las señoras que al son de las palmas nos cantan: “esas mujeres corredoras por las calles de Sevilla! En este punto, no puedo parar de llorar, dejo de escribir, apago el ordenador…

En este km15, y en otros puntos a lo largo de todo el recorrido están situadas esas #mujeresqueaniman, Berta, las Saras, Márquez y Vaquerizas, Marta y Vir Núñez, las mujeres de Óscar, de los Rafas, de Bernal, la mujer de Julián y su hija Sandra, a Elena Jiménez y a sus  hijos ya los tuve de animadores en el Mapoma, qué energía pone en sus gritos esta mujer, con esa sonrisa que ilumina el asfalto y envuelve a cada corredor como si nos fuese a dar un abrazo. En esta prueba esas son las cosas que hacen que sigamos, que nos van metiendo pequeñas dosis de fuerza, reponiendo la que vamos dejando por el camino.



Cerca del km16 está situado David Rodríguez (@_Bilito) para cazarnos a los Drinking Runners en esa foto corriendo y sacándonos nuestra mejor sonrisa.



Sigo cómoda con el ritmo, el calor ya se va pegando demasiado al cuerpo. El único tramo bueno es junto al Guadalquivir, me sorprende la cantidad de agua que tiene el río, me hubiese corrido todo el maratón junto a él, el único momento en el que el calor se hace menos agobiante.

Voy metida en mi mundo, pensando si debería bajar el ritmo o seguir con mi apuesta. Estoy genial, solo me preocupa que voy bebiendo más de lo que acostumbro y no sé si el estómago con tanto líquido y los geles va a aguantar. Y junto al atronador speaker que anuncia que llegamos a este punto, una voz conocida me levanta el ánimo de golpe, es el km21: “vamos, María, que vas genial” y descubro a Rafa Vega con su tranquilidad característica y esa sonrisa de gran amigo. Tras una curva y pocos metros después Natalia @Nat_Paris, solo nos conocemos por twitter, y no la reconozco, horas más tarde me dice que era ella, con voz muy dulce me grita: “María, genial, que vas para sub 4”.

En el km25 descubro que el agua que me tenía que durar hasta el km30 se me ha terminado, eso, el cansancio, y el sol pegando fuerte hacen que tenga el primer momento no muy bueno. No quería recurrir al avituallamiento de la carrera tan pronto. Veo gente vomitando junto a los árboles; otros que van andando, con los brazos colgando, algo derrotados; corredores estirando gemelos en los bordillos. Imágenes que no deseo retener, miro la carretera e intento fijar la mirada en algo agradable.

En el km28 me pesan algo las piernas, miro el reloj y mi ritmo ha bajado bastante. En el km30 llega el desastre, como me ocurrió en la Media de Getafe el llano se apodera de mí, me puede, me supera… no es mi terreno, comienzo a ser consciente; tengo que viajar hasta aquí para añorar las cuestas de Madrid, ese Ángel Caído del parque de El Retiro que tanta manía le tengo hoy me lo habría colocado aquí delante. Ver a Marta Chavero gritando con el brazo en alto, con esa energía que le da para llenar toda la calle “vamos, María, vamos, que puedes”. Nunca imaginarás cuánto me ayudaron tus voces, si me llegas a dar uno de esos abrazos tuyos tan apretados vuelvo a recoger el ritmo perdido sin pensarlo. Comienzo a usar el avituallamiento. Los voluntarios son muy jóvenes, encantadores, miran el nombre y personalizan la entrega del agua: “vamos, María, agua fresquita, qué bien viene! En el deseo de no hacernos perder tiempo, casi nos tiran toda el agua sobre los corredores al entregarnos los vasos.



Estoy acostumbrada a correr sufriendo cuesta arriba, recuperando cuesta abajo, y metiendo velocidad en los tramos cómodos, por ello, este terreno monótono, este pim pam, pim pam… tan constante al correr, ¡me está matando! Este desconcierto y empezar a pagar que he entrenado durante tres meses con temperaturas muy bajas, menos de 8º casi todos los días, y tener ahora 18º y una sed intensa y el estómago pesado, consiguen que llegue al km32, en peores condiciones de las que le desearía a cualquiera, así que a mí... El Parque de María Luisa es precioso, invita al reposo, a la tranquilidad. La Plaza de España, increíble, en ambas zonas multitud de gente animando, volcada con nosotros. Se me está haciendo duro superar cada tramo, sólo deseo ver el 35, la Avenida de la Constitución, es la pequeña marca que me voy señalando; y lo alcanzo, con bastante esfuerzo y puedo jurar sobre ese cartel que el maratón es cabeza, lo sabemos en teoría, pero descubrirlo en mi piel hará que no lo olvide jamás, en ese instante, en el que esos trozos de carne ya dejan de querer estar ahí, desean relajarse, abandonar, tomarse algo en ese bar del que sale un olor tan rico… es entonces cuando o ponemos el coco o nos vamos con todo el equipo a casa y un sabor muy amargo.  Pensar a veces es bueno; en otros tramos mejor no hacerlo y dejarse arrastrar como un río de colores, de piernas que se mueven unas tras otras, y meditando poco más tarde me llegó la tortura… ¡Qué preciosidad La Giralda!

En el km36, descubro andando a Pablo Carmenado acompañado de Daniel Fuentes. Pablo comenzó el maratón con problemas en una pierna y está luchando como el ¡oh líder de los Drinking Runners que es! Les paso con un saludo y poco más. Reservo las fuerzas…

En el km38, por primera vez, en mis tres años como corredora popular, me comienzan a dar unos calambres en los pies increíbles; el derecho aguantaba, el dolor en el izquierdo hacía que se me doblase la pierna. Tengo miedo de no poder terminar. Bajo el ritmo.., resoplo…, respiro… y se marchan los calambres, para volver de nuevo con más intensidad unos minutos después. ¡No me quiero quedar aquí, no me quiero quedar aquí! ¡Cuántas veces me repetiría eso, que casi me como a un corredor, ni veía! Me preocupa que en uno de esos embistes del dolor me pueda ir al suelo, que me levanto y sigo lo puedo jurar, pero ¿y si la organización no me deja continuar?, en definitiva está ahí para eso, para salvarnos de nosotros mismos, cuando nos da igual hacernos daño, cuando somos nuestro peor enemigo y alcanzaríamos la meta incluso arrastrándonos por el suelo.

El maratón está claro que es una fiera salvaje, podemos llevarlo domesticado unos kilómetros, en el momento más inesperado se revuelve y de un zarpazo nos deja tocados, o hundidos, eso depende de nuestra capacidad de reacción, de la fuerza, del coraje.

Creo que a partir de este kilómetro me pasa Arancha que va genial, después Iri, la veo muy bien; pocos metros después Isa, que va lanzada. Me alegran el momento y me dan seguridad, ¡somos luchadoras, lo conseguiremos!

Es todo un estímulo descubrir a la mujer de Julián Hurtado y a su hija Sandra tras la cámara gritándome las dos. No recuerdo si en este punto tengo energía y ganas de sonreír.

¡Qué bonito ver ese cartel del km40!, si tuviese fuerzas me pararía para abrazarlo. ¡Qué largo el parque del Alamillo, señor! He llegado hasta aquí y quiero traspasar ese trozo de plástico por el que en definitiva estoy luchando, ese marco que dice Meta y que me va a depositar en la gloria.

Cada vez me cuesta más avanzar. No conocer Sevilla me provoca que me dé igual ver este edificio o el de más allá, no consigo calcular ya las distancias y no me hago una idea de cuánto queda para el final, ya en el km41.

La alegría comienza al ver las vallas, AHÍ ESTÁ, una hilera de colores va avanzando para encontrarse con su triunfo. Todavía es largo el camino hasta entrar, ya me da igual, tengo el corazón completamente acelerado, las fuerzas ya no sé dónde buscarlas, estoy vacía… una curva y veo la META, estoy en el Estadio de la Cartuja, al descubrirlo es como si me encendiesen una luz para sacarme de las tinieblas de las que vengo; la gente nos grita, siento un escalofrío ¡lo he conseguido!, ¡ya nadie me lo va a quitar! No sé de dónde saco la energía, ¡qué ovarios!, agarro los últimos metros mucho más rápido que he conseguido correr los últimos kilómetros y entro CORRIENDO… 


No debí hacerlo en muy buenas condiciones. Nada más traspasar esa maldita línea de los 42,195 metros veo a David Rodríguez que deja la cámara y viene  hacia mí, en el mismo instante en que dos chicos, muy jóvenes de emergencias, me agarran por los brazos y me preguntan: “¿estás bien?, de todas formas ven con nosotros” dicen y Pablo Carmenado que me grita: “María, ¿estás bien?, María contesta joder…”. Y no es que estuviese tan mal, ni que por borde no les hiciese caso, es que estaba dando GRACIAS, y gracias, continuamente y repitiendo LO HAS LOGRADO, lo has logrado… lo has logrado…  solo que la voz ya ni me salía. Entonces fui consciente de que me encontraba bastante mareada, completamente agotada, esta vez sí creo que lo he dado todo, y me recuperé bastante bien, porque sólo me preocupaban dos cosas: una, recoger la medalla, porque no me iba de Sevilla sin ella, por si, como en otros maratones no había para todos, yo quería recoger la mía ¡ya!; y dos, llegar al autocar que me llevase al hotel de vuelta, ni pensar quería en tener que buscarme la vida sola con ese cansancio. David me comenta que no fue capaz de disparar la foto al verme llegar, pues me voy sin foto, feliz, porque pese a todo consigo mi mejor marca con 4:07:44 en mi segundo maratón.



Siempre le estaré agradecida a Fer, compañero Drinking Runner, que me acompañó hasta que el agua fresca y relajarme me volvió a dejar en condiciones para continuar yo sola… Nunca sabré si habría caído de cabeza contra el suelo al cruzar la meta, esos dos ángeles que me agarraron lo impidieron. En este maratón he tenido muchos otros ángeles, repartidos por el camino, con una cámara en la mano, como David, Sara Vaquerizas, Macu García, Sandra Hurtado; gritando, como #lasmujeresqueaniman conocidas y desconocidas, corredores vestidos con #laverde; esos que se quedaron en Madrid, preocupados porque a tanta distancia no sabían si me iba bien o regular, y esperaban a tener noticias de que por fin había terminado la prueba; pero principalmente un gran ángel o diablo, de pelo negro y pequeño tamaño, enganchada a tuiter, con quien he corrido, y con quien tendré que seguir haciéndolo (espero que mucho tiempo) que me iba dando toques cada vez que me veía correr con la cabeza baja mirando el asfalto y que no ha permitido que ni el calor, ni el agotamiento, o los calambres me dejasen abatir.

He cruzado dos metas del maratón y en ninguna he llorado, ni antes, ni al traspasarla, esta vez ni siquiera al ver a los compañeros y felicitarnos sonriendo, aquí sentada ya he descubierto la razón, es por temor a que Filípides me crea débil y en el siguiente maratón me busque entre tanto corredor para arrearme bien fuerte, por eso, hasta que no estoy muy lejos de él no me permito llorar o hasta que me siento a escribir esta crónica y ya no tengo control, y arrojo todos los sentimientos que provoca esto, que además engancha, y que me ha atrapado y seguiré haciendo, que se llama correr un MARATÓN.

Igual tengo que volver por Sevilla para ver la ciudad un poco más despacio y disfrutar de todo este recorrido.


Me llevo en la maleta, la satisfacción de haber vivido una gran experiencia con el Equipo que todo corredor desea tener, con esos locos Drinking Runners que tienen tantos valores y la alegría de que la expedición que vinimos a correr hemos traspasado todos la meta y nos vamos con la medalla al cuello y la felicidad en el corazón. A todos y cada uno de vosotros un beso enorme, y un abrazo como el que nos damos cada vez que logramos superar una prueba tan dura como ésta.

Y en la mochila cargo, una gran enseñanza, que el maratón tiene un objetivo prioritario y es quedarse con el corredor, vencerle, reírse en su cara si puede, eso que tantas veces escuchamos lo aprendemos de golpe, no hay que menospreciar ni dejar de temer nunca a esos 42,195 metros porque ni llano ni con cuestas nos lo va a poner fácil, he corrido dos maratones y han sido completamente diferentes, pronto afrontaré el tercero, el 27 de abril, entonces os cuento si se parece al primero de Madrid, o al de Sevilla, o termino descubriendo nuevamente que no hay dos maratones iguales en absoluto.

Corredor, persigue tus sueños, no dejes que nadie decida por ti.

Saludos, abrazos, besos,


María Caballero
@MCG66Madrid

Fotos de David Rodríguez (@_Bilito):


Fotos de Sara Vaquerizas (@SaraVaquerizas):

http://www.flickr.com/photos/118696647@N06/sets/72157641503444774/

Fotos de Sandra Hurtado (@8Sandra10):


Fotos de Macu García:













13 comentarios:

  1. Ufffff
    Reconozco que ese final de la historia me ha producido cierta angustia. Pero me alegro de que al final hayas podido con los 42km, con el del mazo y con todo lo que se te puso por delante.
    Me ha gustado mucho la crónica, contando cómo viviste ese maratón muy desde dentro. Y sobre todo me gusta que no hables, de tiempos, ni marcas sino de sensaciones, que a veces, con tanta "marquitis" perdemos la referencia de que lo importante es disfrutar
    Ya sois varias crónicas que advertís del calor en los últimos kms de carrera, y, como decías, para los que venimos de entrenar en el frío, puede ser un cambio brutal. Lo tendré en cuenta por si intento Sevilla'2015
    Un abrazo y gracias por tu crónica.

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  2. Historia conmovedora para un fin de semana inolvidable. Me alegro de que todo quedase en un susto al final de la Maratón.
    Y es que como tú bien dices el Maratón es una prueba donde surgen todo tipo de imprevistos que ni siquiera controlamos y por eso es tan grande, pero lo mejor es que te has sobrepuesto a las adversidades.

    Un abrazo y felicidades por ese finisher del Maratón

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  3. Se me ha hecho un nudo en la tripa mientras te leía, pufff... seguro que lo recuerdo cuando esté en las mismas dentro de un mes en Roma. Muchas felicidades y ahora disfruta de lo conseguido con una media sonrisa... tic tac :-)
    Un abrazo y hasta la próxima!

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  4. Durante la lectura de tu crónica he corrido por Sevilla, he tenido sed, me han dolidos las piernas y me he emocionado además tenía el aliciente de que Sevilla fue mi primer maratón y solo con cerrar un poco los ojos iba junto a ti. Emocionante crónica María los pelos de punta y el alma encogida en el desenlace final, me alegro que te recuperaras pronto y que ya tengas otra muesca más en la culata del revólver.
    Felicidades campeona Ole, ole y ole!!!

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  5. Que bonito. Enhorabuena. Vaya calorcito que nos hizo.

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  6. Buenas tardes María! Que sepas que me has emocionado con el relato, creo que a menos que se haya corrido un maratón uno o entiendo el punto de agonía tan extrema que soportamos, ese umbral de dolor físico y psicológico tras tantas horas corriendo... y esa voluntad implacable que nos impulsa a superarlo y a dejar atrás todos los miedos conforme dejamos metras tras nuestra... Enhorabuena por la carrera!!
    Yo también correré el 27 de Abril, y será mi tercer maratón igualmente, espero que nos vaya genial ;) mientras tanto a recuperar bien y suerte en los entrenos!!
    Un saludo desde Málaga ;)

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  7. Te estás haciendo muy grande María, muy grande y muy Poderosa gracias a tu espíritu de trabajo y esfuerzo inquebrantable.
    Este segundo Maratón te ha enseñado muchas cosas y te ha fortalecido más de lo que puedas incluso pensar ahora mismo, lo descubrirás con el tiempo.

    Ahora descansa mucho y bien, disfruta de la preciosa medalla que luces con orgullo y cuando vuelva a salir a correr hazlo totalmente libre de objetivos futuros por el momento, te mereces soltar la mente.

    Estoy muy orgulloso de tí, amiga mía, un fortísimo abrazo y un besazo.

    FELICIDADES MARIA.

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  8. Una de las crónicas más bonitas y emotivas de esta maratón de Sevilla. Enhorabuena por vivirla y por contárnosla. Me alegro que ese susto en meta haya sido sólo eso. Un saludo.

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  9. Increible María, me ha emocionado mucho tu crónica, de las más bonitas que he leído. Por como has vivido este maratón y la manera de contarlo se ve que no solo tienes esa fortaleza necesaria para vencer a Filípides sino que la tuya es especial. Felicidades de corazón

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  10. Creo que bajaste respeto a la de Madrid quédate con eso y que ya tienes otra maratón en la saca, ya habrá tiempo de bajar, en las maratones hay que medir mucho la euforia de los primeros momento, para no sufrir en exceso al final. Mi mas sincera enhorabuena campeona!!

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  11. Enorme y sentidísima crónica, al igual que Novatillo esos km finales los he vivido/leído con angustia y eso que sabía que iba acabar bien (eso es lo que lo hace grande). Fuera marcas (felicidades, por eso), quédate con la aventura de vivir una experiencia inigualable. Sobre si hay una maratón igual a otra... No, por suerte cada una tiene vida propia; es por eso que siempre, siempre, acabamos repitiendo.

    Muchas Felicidades

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  12. Que buena cronica Maria...Tu tercera maraton sera mi primera.Espero verte por el camino ;) sigue asi crak.

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