Madrid,
13 de septiembre de 2015 – 9:50 horas
En esta ocasión, por
disputarse un partido de fútbol el sábado por la tarde, La Melonera pierde
parte de su encanto por pasar a celebrarse el domingo por la mañana. Desde
luego no es igual. El ambiente tan festivo del atardecer se desdibuja bastante
con el cambio de hora.
Este año, además, tiene otra
novedad, habrá dos pruebas, se incorpora una de 5kms que tendrá una salida
propia, y veinte minutos después saldremos los participantes de los 10kms. A
las 10:30 horas, la carrera de menores, que es habitual en cada edición. Es un
acierto incorporar distancias más cortas para gente que se esté iniciando o
para quienes, en un momento determinado, no queramos o no podamos enfrentarnos
a distancias mayores.
El precio de la inscripción
han sido 8€. La bolsa del corredor consiste en camiseta técnica, otro nuevo
cambio, han desterrado la de algodón, un gel y una barrita energética.
El inicio de la prueba,
nuevamente, retorna a la calle Retama, el año pasado comenzamos desde arriba de
la cuesta de Ombú, lo que no era una idea excelente.
Se puede decir ¡qué me han
transformado La Melonera por completo!
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Ludotecas Maravillas |
Antes de tomar la salida el
paso obligado por el ropero, para dejar la mochila y para saludar a los
voluntarios de la A.D.Marathon, a Mercedes
González y al resto del grupo.
Coincido, por casualidad,
con Manuel Moreno, con quien siempre
es un gran placer charlar. En pocos minutos nos ponemos al tanto de nuestros
proyectos futuros.
Más tarde me reúno con Pedro Pleguezuelos,
@Santacenero y José Carlos Juárez, los
tres solemos tener carreras fijas en nuestros calendarios, lo que es una suerte
para vernos de forma más o menos frecuente. También veo a Ángel Montaño y a parte del equipo de Running Free Madrid.
Nada más tomar la salida los
compañeros de los 5Kms., aprovechamos que la zona se ha quedado más despejada
para calentar y relajar tensiones antes de empezar a correr. La temperatura es
fresca, a ratos, el viento me hace incluso sentir frío.
Parece que llega el momento.
Me sitúo cerca del arco, apenas cuatro filas de personas me separan de él,
vengo decidida a comprobar si puedo lograr una marca aceptable hoy.
Km1, suele
ser el más complicado. Salimos todos de golpe y debemos tener paciencia hasta
que se va despejando el asfalto para ir cogiendo el ritmo propio. Nada más empezar
ya hay caídas de algunos corredores, si las prisas son malas, aquí además
duelen. El primer kilómetro, de todas formas, lo he encarado a buen ritmo.
Km2, nos
vamos separando ligeramente unos de otros. El viento sopla de cara por la Avenida
del Planetario. El grupo de carrera avanza muy rápido, y me contagia, tanto que
al terminar este tramo, el GPS marca un ritmo de 4’35” ¡ni me lo creo!, ¡ni sé
cómo!, lo que tengo claro es que o empiezo a disminuir la velocidad o no
termino. A veces pienso si no me limito demasiado, o me asusto a mí misma y me
obligo a competir de forma controlada, segura.
Km3,
desde el Paseo de la Chopera se escucha la música y al speaker comentar la
llegada de los participantes de los 5kms. A nosotros, todavía nos quedan algunos
kilómetros para poder entrar en el edificio de Matadero. La organización nos
grita que permanezcamos en nuestro carril y no invadamos el contiguo, abierto
al tráfico. La gente que corre con la música puesta aminora su ritmo, entorpece
a otros, no para de preguntar ¿qué dicen?
Km4, ¡voy
genial!, aún es pronto para estar demasiado contenta. Por el Paseo de Yeserías,
nos encontramos el mayor tramo de gente animando hasta el momento. Los niños
quieren chocar manitas y no paran de gritarnos frases de aliento, uno hasta me
ofrece un globo de regalo.
Km5, llegamos
al avituallamiento, el agua está fresca, el frescor de la mañana se ha quedado
atrás, comienza a hacer calor. Rodeamos la espalda del Vicente Calderón. Hemos
superado la mitad de la carrera. Corremos en hilera, dispersos, la velocidad
del grupo sigue siendo alta.
Km6, en
cuanto superemos el Paseo de la Virgen del Puerto entraremos en Madrid Río, una
zona mucho más agradable para correr que este kilómetro que discurre entre
edificios.
Km7, nada
más ver el cartel del Salón de los Pinos, descubro que Pedro ha venido a verme,
por sorpresa, para hacer a mi lado, en bici, un tramo de este recorrido entre
árboles. La zona de tantos de mis entrenamientos no me va a descubrir nada
nuevo. Miro la marca que llevo en ese momento, analizo las fuerzas y decido ir
a por todas.
Km8, el
espacio que nos dejan para avanzar a partir de ahora es muy justo, a la derecha
hay que permitir que la gente que pasea, corre o va en bici o patines pueda
atravesar también la zona. Se complica adelantar a otros corredores. Algunos
van con las fuerzas muy justas en este punto.
Km9, tendría
que correr como nunca para lograr entrar por debajo de 50 minutos. Voy
adelantando corredores, que se quedan detrás y no me vuelven a pasar. Los
últimos metros de la carrera, por el adoquín, obligan a pisar con cuidado para
evitar resbalones. Por fin veo el crono, que pasa… y pasa números sin cesar. Hago
lo que puedo, voy al límite, os puedo asegurar que lo he dado todo, hacer este
último kilómetro a 4’47” me sorprende mucho, tanto que lo he mirado después
varias veces. Al final 50’46” y 3 minutos menos que el año pasado, lo que hace que
me sienta muy contenta con el resultado, tras un año en el que veía empeorar
mis marcas, he vuelto a reconciliarme con ellas.
Para recuperarnos del
esfuerzo realizado, una buena rodaja de melón, que junto con el reencuentro con
los amigos y las risas tras cualquier prueba, nos devuelven las fuerzas y las
ganas de volver a estar en otra popular lo antes posible.
Saludos, abrazos, besos,
María
Caballero
@MCG66Madrid