lunes, 24 de marzo de 2014

Mi segunda Carrera de los Bomberos de Madrid


Madrid, 23 de marzo de 2014 – 10:00 horas

Antes de cenar el sábado por la noche comienzo a preparar la mochila para la carrera del domingo. Agarro #laverde, para colocarla junto al resto de la ropa y un torrente de sentimientos, recuerdos, sensaciones… me inundan en unos segundos, se me humedecen los ojos y es cuando soy consciente de que mañana hará justo un mes que el Equipo DrinkingRunners competimos en el Maratón de Sevilla. Imposible correr mañana con esta camiseta, no la había vuelto a usar desde febrero y no me veo llevándola mañana. De todas formas, como toca seguir defendiendo nuestros colores y dando visibilidad a nuestro proyecto de #kmsXalimentos, busco la otra verde, la primera que tuve, la que me recuerda a tantas quedadas y me lleva a pensar en toda esa gente a la que he ido conociendo en este tiempo, parece que la nostalgia se va alejando suavemente.


El domingo amanece algo más fresco que el resto de la semana, soleado, buen día para correr. Que la carrera se haya retrasado de las 9:30 hasta las 10, me gusta, el madrugón es algo menor. También el cambio de colocar la cabecera de la carrera en plena Puerta del Sol, y no en Montera como el año pasado, le da más alegría y vida a la prueba. Llego antes de las 9 y la plaza está abarrotada de gente, el motivo es que los roperos los cierran a las 9:30 horas, tienen que trasladar todo de la Puerta del Sol hasta Recoletos, que es donde estará situada la meta. El lugar es relativamente pequeño y resulta muy complicado localizar a nadie. Al estar situados en círculo es difícil ver a la gente. Creo que en ninguna carrera hemos cruzado tantos wasaps como en ésta.

Antes de tomar la salida solo coincidimos Belén Delgado y yo. A Alicia la vemos un segundo, no corre, y nos cuenta dónde estará situada durante la carrera. 



Reconozco que la charla con Belén, poniéndonos al día después de tantas semanas sin vernos, hace que los nervios ni aparezcan. No estoy muy confiada para correr, llevo semanas con las piernas muy cargadas, reduciendo el número de entrenos y notando cómo el ritmo no termina de llegar de nuevo. Es la primera vez, en tres años, que llego a una carrera con la posibilidad de no terminarla; no me gusta nada esta postura, esta resignación y el dejarme en manos del destino me baja bastante el ánimo. Creo que es gracias a ti, Belén, y a nuestras pruebas de sacar una “selfie” medianamente presentable y la risa de cuando comienzan a llegar todos esos corredores cuadrados, con unos músculos en las piernas que te hicieron gritar “creo que me voy a ir un poco más hacia atrás”, que me olvidé de los problemas que traía encima y me metí en lo que realmente había venido esta mañana, que era a colocarme un dorsal y a correr, ¡sin tonterías! Estamos situadas junto al cartel de “menos de 40 minutos” ¡como dos campeonas!


En esta carrera siempre se guarda un minuto de silencio, por los bomberos caídos en acto de servicio. Anuncian que nos hemos inscrito 4.000 corredores.

De nuevo suena la música y comienza la cuenta atrás 9, 8, 7… pistoletazo de salida, le deseo suerte a Belén y allá voy…



La calle Montera está llena de gente, nos aplauden, nos gritan…, se agradece este efusivo apoyo. Algunos corredores comienzan a gritar “venga estos sub 40…”. En nada salimos a Gran Vía, la gente comienza la prueba muy rápido. Al ver la Cibeles ya tenemos el cartel de que ha pasado el km 1. Se hace muy raro, camino del km 2, ver la Meta ahí situada en Recoletos, los bomberos nos animan a los corredores tocando las sirenas. Los primeros kilómetros son todo cuesta arriba. En el km 3 me pasa Héctor Hernández, “imposible no verte con lo discretita que vas”. La camiseta de un Equipo debe llamar la atención y, desde luego, #laverde ya es muy popular. Voy mejor de lo que esperaba. No me acompaña ningún dolor, las piernas van respondiendo bien y poco a poco consigo confianza, acabo de terminar el km 4. Sigo cuesta arriba camino de la Castellana. Se empiezan a ver en el carril de la izquierda a los primeros de la carrera, van tan frescos que nunca dejarán de sorprenderme, seguro que ellos no van pensando lo mismo, la sensación que dan es la de que correr a esa velocidad es muy sencillo. Ya se ven las Torres Kio, eso indica que anda cerca el km 5. En este punto está el avituallamiento, no me importa parar unos segundos, está despejado. Cojo agua por refrescarme, hace calor y en todo el recorrido pega el sol, difícil encontrar un trozo de la carretera en sombra. No hay gente animando en ningún tramo de la carrera.


Comienza el descenso. Si hasta la Castellana la carrera iba a buena velocidad, a partir de aquí, ya cuesta abajo todo el tramo, la gente se lanza a meter primera en cuanto giramos en la Plaza de Cuzco y nos situamos en el otro carril. Ya por el km 6 veo a Belén todavía en el ascenso, le grito a pleno pulmón olvidando que va con casos, ¡ni se entera! Estoy concentrada mirando el cartel del km 7, contenta porque sigo genial, ni me imaginaba estas buenas sensaciones hoy, alguien me saca de mis meditaciones al grito de “ese maratón de moda”, es mi compañero de entrenos Nacho Cepero, va fuerte, con buen ritmo, se nota que en Running Company entrenan bien a su gente. Nos saludamos y le veo avanzar entre la gente. Llego al km 8 y comienzan las dudas de si forzar un poco y perseguir marca o reservar estas buenas sensaciones para seguir entrenando el plan para el Mapoma, decido apostar por lo que me importa más en estos momentos y descubro que puedo mantener mis eternos 50 minutos en los 10k, esto es una gran alegría, partir sin saber si terminaría la carrera y lograr mantener mi marca ya me hace estar satisfecha de estar aquí. Nada más pasar el km 9 meto ritmo y descubro que he recuperado fuerzas, voy dejando a algunos corredores detrás, empiezo a escuchar la música, la meta está cerca y es ahora cuando realmente tengo ganas de correr… 



Al cruzar la meta esta carrera me ha devuelto la seguridad. ¡Qué bonitos son los últimos metros de cualquier carrera! La gente nos grita a los corredores aún sin conocernos de nada, esos aplausos, ese “vamos… vamos”, esos instantes saben igual de bien que cruzar la Meta.



El reencuentro con Héctor, Nacho y Pedro (Santacenero), que han conseguido mejorar sus marcas, es de lo que mejor sabe tras una carrera. Y la cara de Alicia con esa sonrisa de “sí que se os ve contentos, sí”. Y ver llegar a Belén, satisfecha, contenta con su tiempo y que no tarda nada en soltar que en la próxima que nos vemos ya es en la Media de Madrid ¿no? ¡Qué alegría cuando se acercó Christian Camacho! Muchas gracias por saludar al reconocerme, un placer desvirtualizarte por fin y charlar sin una pantalla por medio.





El café de la mañana en Montera, la charla con Héctor, Alicia y Belén y tener tantos planes y ganas de seguir buscando y apuntándonos a carreras demuestra que, sin ninguna duda, somos unos grandes enganchados a esto de correr.

Saludos, abrazos, besos y hasta pronto,


María Caballero
@MCG66Madrid


martes, 18 de marzo de 2014

La V Carrera por la Esperanza


Madrid, 16 de marzo de 2014, 11:00 horas

Resulta curioso que, tras dos maratones y camino del tercero, hoy, por primera vez, vaya a competir por fin en 5 kilómetros. La razón es porque directamente debuté en los 10, saltándome la distancia inferior.

He dudado si correr con #laverde, una DrinkingRunners nunca abandona su equipación, finalmente decidí que hoy el protagonismo tenía que ser todo para ellos, para los que padecen alguna enfermedad rara y corro de morado.


Desde la recogida de los dorsales, en la tienda solidaria Mi desván.org, situada en el Centro Comercial de Alcalá Norte, esta carrera es diferente. Muchos correremos con el propósito de colaborar y apoyar el domingo a tanta gente necesitada de ayuda, ahora más que nunca, cuando la crisis y los famosos recortes van dejando desprotegidos a tantos enfermos. Hay familias que ya conocen muy bien la tienda y, por supuesto, a la Federación Española de Enfermedades Raras Feder.org que, a su vez, está compuesta por más de 250 Asociaciones.

























Como corredora, creo que viene bien pasar una mañana en este tipo de carreras. Los corredores somos solidarios, solemos implicarnos en grandes proyectos, como hice yo al conocer a los DrinkingRunners y su #kmsXalimentos, pero hay momentos en los que nos volvemos egoístas, nos centramos demasiado en lo que nos impide correr y llegamos a amargarnos un poquito la vida pensando que debemos parar por esa lesión, o reducir entrenos por aquél dolor. Saber que hay gente para la que un gesto tan sencillo como levantar una cuchara es impensable, o caminar, un sueño para otras, hace que bajemos un peldaño a observar situaciones peores que la nuestra y aceptemos mejor ese pasajero problema, que nos alejará de ponernos las zapatillas un  tiempo, pero del que nos recuperaremos. Otras personas, en cambio, viven con enfermedades que resultan imposibles hasta de pronunciar: Síndrome de Alport o de Berardinelli Seip, Enfermedad de Behçet y con las que convivirán toda su vida.

La Carrera por la Esperanza se celebra en la Casa de Campo, en la zona del Lago. Hay un montón de carpas de las diversas asociaciones. Entre las actividades de la mañana están: rifa solidaria (botas firmadas de Leo Messi, camisetas firmadas del Atlético de Madrid y la Federación Española de Baloncesto); cuentacuentos, pintacaras y ludoteca en la carpa Once; canastas de baloncesto para juegos de tiro en la carpa de la Federación de Baloncesto en la que participarán Amaya Valdemoro, Jorge Garbajosa y Fernando Romay.



Había quedado con Alicia @Morenaza201 y Héctor @soyer_12. Recorremos un poco la zona de las carpas, nos hacemos las fotos para el recuerdo, dejo la mochila en el ropero y nos dirigimos a la zona de salida. 


 






Todavía queda casi media hora para que empiece la carrera, vemos muchos corredores dispersos por el aparcamiento del Lago. Seremos más de 3.800 corredores, entre adultos y niños. 

De repente, aparece Juanito Matagne, otro DrinkingRunners, con su energía y gracia de siempre. Para despejar los nervios, más los de Alicia, porque para el resto creo que los 5 kms se nos van a quedar muy cortos esta mañana, bromeamos, hablamos de otras carreras, hasta que llega la gente de Fundación Theodora, que estarán animando la carrera en diferentes puntos, y se desatan las risas. ¡Qué gran labor hace esta gente, es tan difícil hacer reír y ellos lo consiguen en pocos segundos!




El comentarista de la carrera anuncia que la Llama de la esperanza de los 3 millones de afectados por alguna enfermedad rara la portará Jesús España, campeón de Europa de 5.000 metros en Gotemburgo, seis veces campeón de España en 5.000 y cinco veces en 3.000.


Nos deseamos suerte y en nada escuchamos el pistoletazo de salida. No estoy en mi mejor momento, aún así quiero probar si soy capaz de meterle velocidad a mis piernas tras tanta tirada ultralarga, en esta breve distancia de los 5kms.


El recorrido es alrededor del Lago. 


El km 1 hasta casi el final no presenta ninguna dificultad. Delante veo bien a Jesús España. Corre tranquilo, hoy la Llama tiene que lucir. Tenemos varias subiditas, no muy pronunciadas, hasta llegar al km2. Un par de repechitos y llegamos al km3. A partir de aquí me inundan un montón de recuerdos del Maratón pasado y es inevitable pensar en el 27 de abril y el nuevo Mapoma al correr por ese tramo en el que siguen, un poco difuminadas ya, las líneas azules que nos tocará seguir a los maratonianos. Así llego al km4. A partir de aquí el tramo es sencillo, permite meter algo más de velocidad y en nada se escucha la música, se intuye la Meta muy cerca. Se me ha hecho muy cortita esta carrera.

Nada más recoger el avituallamiento alguien a mi espalda me llama. Aparece Sergio Peñas Aranda @Sergio_P_A. Poco a poco nos vamos poniendo cara todos los tuiteros. Charlamos de carreras, de nuestros retos futuros. Es una alegría compartir ese ratito contigo, Sergio.


Más tarde coincidimos con África Martín, Pablo Gonzalo, Manuel Fernández, está claro que pasar una mañana en la Casa de Campo sin encontrar a los DrinkingRunners es impensable.


Ha sido una gran mañana, que la esperanza siga viva durante mucho tiempo.



Saludos, abrazos, besos y hasta pronto a todos,


María Caballero

@MCG66Madrid

jueves, 27 de febrero de 2014

No te confíes, vengo a por ti, Maratón de Sevilla


Sevilla, 23 de febrero de 2014 – 9:00 horas

Soy madrileña, he nacido en esta ciudad y así me considero, además amo su estrés, sus prisas, sus atascos, sus agobios en el metro… es algo que descubro cada vez que dejo Madrid, principalmente si llego a un lugar más pequeño y tranquilo. Eso hasta que me bajo del Ave, en Santa Justa, Sevilla, y entonces mis raíces se remueven y algo me grita que también soy andaluza, por mis padres cordobeses, y entonces se me mete muy dentro ese tomarse la vida de otra forma, el acentillo de la gente del sur, que me encanta… Por eso, me apetecía especialmente correr mi segundo maratón aquí, el primero en casa, el segundo algo cerca de mis orígenes…

He llegado con un equipaje que pesa y otro que me aligera la carga cada vez que lo recuerdo, el apoyo de los míos, todos esos mensajes de amigos, conocidos, mis tuiteros, mi gente de Facebook. Esas palabras que van calando, y se van posando muy dentro y hacen que la fuerza esté arriba y las ganas de luchar la prueba, muy viva.

Os deseo a todos los que os enfrentéis a una prueba tan dura como es el maratón que nunca os falte una frase de aliento, un comentario positivo (aunque sea mentira) del tipo: “tú puedes, lo vas a lograr…”. En las horas previas, con las dudas, los temores… y todo lo que hace que nos tambaleemos un poco, es lo que nos protege de que no salgamos corriendo justo en dirección contraria a la que se celebrará el maratón.

Dejo todo preparado sobre la mesa, repasado un par de veces, para asegurarme de que por la mañana no voy a olvidar nada, ni que tendré que estar rebuscando en la maleta, nerviosa.

El domingo del maratón no comienza a la hora en que realmente me levanto. Ese domingo del maratón comienza muchas horas antes, justo cuando el sobresalto me despierta porque ¡no consigo alcanzar la meta, se aleja y aleja…! y eso es justamente a las 4:30 de la madrugada. Después el sueño viene…, va…, nada de forma continua.

En este día no me juego nada, mi desayuno habitual ha venido conmigo. Traigo de mi casa un termo con café (sin leche, claro), mi pan, mi paté y las pastillas antidiarreicas, porque después de leer que durante el maratón los intestinos se descontrolan no pienso correr ninguno sin ellas. Menos mal que traje los geles habituales, en la Feria del Corredor no los había.

El autocar nos traslada hasta el Estadio de la Cartuja. Por la vuelta a Andalucía parte de la ciudad está cortada y damos un amplio rodeo que nos permite ver algo más de la ciudad.


Bajo tranquila hasta el hall del hotel. Me subo al autocar y los nervios parecían que me aguardaban en ese asiento. Veo muchas caras que también andan muy parecido o peor que yo, como Valentín que debuta aquí, a Rai le veo ya en su línea habitual… Intento contestar algunos mensajes de la noche anterior, me tiemblan las manos y decido dejar el móvil para un momento mejor.



Hasta llegar al ropero hay un montón de fotógrafos de la organización del maratón que nos van parando. Carlos Mascías, Alberto Barrantes y alguno más van cantando, dando la nota… No quiero fotos, ni hablar, sólo quiero que den las 9 y el pistoletazo de salida me lance carretera adelante.

Entramos todo el Equipo en el cajón de 3:30-3:45 horas. Suena a todo volumen AC/DC y su “Highway to hell”.



Nos vamos deseando suerte y ya se comienzan a ver los pequeños subgrupos formados para afrontar la prueba. Es curioso cómo las chicas nos separamos y está claro que cada una va a luchar sola, con sus medios, Amalia -se conecta la música-, Iri -mira al suelo-, Arancha –sigue sonriendo-, y por supuesto yo que en éstos minutos de espera ya no puedo ni hablar, les miro pero no contesto a lo que hablan, necesito ese momento de concentración, de paz interior que me dé seguridad, centrar la cabeza por encima de los nervios, del ruido, de los gritos de Carlos Mascías y Alberto Barrantes, de la cháchara constate de los que no conozco y siguen como si esto fuese una casa de apuestas con lo de en el km tal a tanto, y en el siguiente a… Nunca me he planteado correr un maratón dependiendo de nada, si corro con un compañero y en un momento de bajón (como es lógico) tira y me abandona ¿a qué me agarro?; si cuando lleguen las dificultades espero que la música me salve y falla la batería o cualquier otra cosa ¿qué me ampara?... En el maratón surgen muchos imprevistos con los que no contamos.


Desde donde estoy no escucho el pistoletazo de salida, advierto que los de delante comienzan a moverse y conecto el crono y el pulsómetro. ¡Funciona como un bálsamo, los nervios se despejan, ya solo pienso en correr! He decidido apostar fuerte, hacer el maratón a ritmo más alto que el anterior, aquí puede ser posible, en Madrid, sería impensable, por una vez me apetece probarlo, en el anterior disfruté, en éste veremos qué pasa.



Noto que la gente empieza muy fuerte, es por el cajón desde el que hemos salido todo el Equipo. La zona es amplia, corremos bien, sin aglomeraciones. En los primeros kilómetros voy pendiente de la ciudad, no cuesta nada avanzar, las calles son estrechas comparadas con las de Madrid. Me fijo en las pocas mujeres que llevo alrededor, apenas tres o cuatro. Así transcurre el tiempo y llego al km5. De momento, voy cómoda, hasta ver el desastre que supone el primer avituallamiento. La carretera encharcada, todo el suelo regado de tapones, vasos de papel y de plástico pisados, ni un centímetro libre. No quiero imaginar lo que tendrán que saltar los que vienen detrás, ¡qué poco compañerismo, qué falta de respeto hacia al resto de corredores! Sólo está colocado al lado derecho y los corredores que lo ignoran comienzan a cruzarse la carretera desde el lado izquierdo. No paro, llevo agua encima.

En el km7 alguien me grita: “qué bien corres guapa, te veo genial”, me saluda con la mano y me desea suerte. Es un africano con un montón de bolsas en el suelo que se ha quedado en medio de la carretera al que se le ve muy divertido con la carrera. Unos chicos entre risas me comentan: “ya te ha salido un admirador y todo”. Dame tiempo, amigo, pienso, y descubrirás lo bien que corro.

El resto del tramo transcurre sin mucha novedad, pasamos delante de la Torre del Oro, alguien comenta: ¡pues qué enano que es esto!, de la Maestranza. Comienzo a notar el calor. Descubro un reloj con 16º.



En nada estamos en el km10, allí anda Loli Cobos, ni me ve, le grito y se pone a chillar y a animarme. He conseguido hacer los primeros 10kms en poco más que mi marca en esta distancia. Bueno… acabamos de empezar.

En el km15, pasamos delante del hotel en el que estamos alojados y de la Macarena. Hay un montón de gente, entre ellos Loli, nuevamente, que salta y grita y contagia a los que están alrededor que también me animan. Llevar el dorsal personalizado con el nombre desconcierta, en el sentido de que alguna gente grita mi nombre y no me da tiempo a saber si son conocidos o no. Y llega el momento de ese orgullo femenino, esas mujeres que me gritan: “con un par de ovarios, qué poquitas sois y qué mérito mi alma”, se me eriza la piel al recordarlas, ¡quiero una foto de esas mujeres con el puño en alto! Y de las señoras que al son de las palmas nos cantan: “esas mujeres corredoras por las calles de Sevilla! En este punto, no puedo parar de llorar, dejo de escribir, apago el ordenador…

En este km15, y en otros puntos a lo largo de todo el recorrido están situadas esas #mujeresqueaniman, Berta, las Saras, Márquez y Vaquerizas, Marta y Vir Núñez, las mujeres de Óscar, de los Rafas, de Bernal, la mujer de Julián y su hija Sandra, a Elena Jiménez y a sus  hijos ya los tuve de animadores en el Mapoma, qué energía pone en sus gritos esta mujer, con esa sonrisa que ilumina el asfalto y envuelve a cada corredor como si nos fuese a dar un abrazo. En esta prueba esas son las cosas que hacen que sigamos, que nos van metiendo pequeñas dosis de fuerza, reponiendo la que vamos dejando por el camino.



Cerca del km16 está situado David Rodríguez (@_Bilito) para cazarnos a los Drinking Runners en esa foto corriendo y sacándonos nuestra mejor sonrisa.



Sigo cómoda con el ritmo, el calor ya se va pegando demasiado al cuerpo. El único tramo bueno es junto al Guadalquivir, me sorprende la cantidad de agua que tiene el río, me hubiese corrido todo el maratón junto a él, el único momento en el que el calor se hace menos agobiante.

Voy metida en mi mundo, pensando si debería bajar el ritmo o seguir con mi apuesta. Estoy genial, solo me preocupa que voy bebiendo más de lo que acostumbro y no sé si el estómago con tanto líquido y los geles va a aguantar. Y junto al atronador speaker que anuncia que llegamos a este punto, una voz conocida me levanta el ánimo de golpe, es el km21: “vamos, María, que vas genial” y descubro a Rafa Vega con su tranquilidad característica y esa sonrisa de gran amigo. Tras una curva y pocos metros después Natalia @Nat_Paris, solo nos conocemos por twitter, y no la reconozco, horas más tarde me dice que era ella, con voz muy dulce me grita: “María, genial, que vas para sub 4”.

En el km25 descubro que el agua que me tenía que durar hasta el km30 se me ha terminado, eso, el cansancio, y el sol pegando fuerte hacen que tenga el primer momento no muy bueno. No quería recurrir al avituallamiento de la carrera tan pronto. Veo gente vomitando junto a los árboles; otros que van andando, con los brazos colgando, algo derrotados; corredores estirando gemelos en los bordillos. Imágenes que no deseo retener, miro la carretera e intento fijar la mirada en algo agradable.

En el km28 me pesan algo las piernas, miro el reloj y mi ritmo ha bajado bastante. En el km30 llega el desastre, como me ocurrió en la Media de Getafe el llano se apodera de mí, me puede, me supera… no es mi terreno, comienzo a ser consciente; tengo que viajar hasta aquí para añorar las cuestas de Madrid, ese Ángel Caído del parque de El Retiro que tanta manía le tengo hoy me lo habría colocado aquí delante. Ver a Marta Chavero gritando con el brazo en alto, con esa energía que le da para llenar toda la calle “vamos, María, vamos, que puedes”. Nunca imaginarás cuánto me ayudaron tus voces, si me llegas a dar uno de esos abrazos tuyos tan apretados vuelvo a recoger el ritmo perdido sin pensarlo. Comienzo a usar el avituallamiento. Los voluntarios son muy jóvenes, encantadores, miran el nombre y personalizan la entrega del agua: “vamos, María, agua fresquita, qué bien viene! En el deseo de no hacernos perder tiempo, casi nos tiran toda el agua sobre los corredores al entregarnos los vasos.



Estoy acostumbrada a correr sufriendo cuesta arriba, recuperando cuesta abajo, y metiendo velocidad en los tramos cómodos, por ello, este terreno monótono, este pim pam, pim pam… tan constante al correr, ¡me está matando! Este desconcierto y empezar a pagar que he entrenado durante tres meses con temperaturas muy bajas, menos de 8º casi todos los días, y tener ahora 18º y una sed intensa y el estómago pesado, consiguen que llegue al km32, en peores condiciones de las que le desearía a cualquiera, así que a mí... El Parque de María Luisa es precioso, invita al reposo, a la tranquilidad. La Plaza de España, increíble, en ambas zonas multitud de gente animando, volcada con nosotros. Se me está haciendo duro superar cada tramo, sólo deseo ver el 35, la Avenida de la Constitución, es la pequeña marca que me voy señalando; y lo alcanzo, con bastante esfuerzo y puedo jurar sobre ese cartel que el maratón es cabeza, lo sabemos en teoría, pero descubrirlo en mi piel hará que no lo olvide jamás, en ese instante, en el que esos trozos de carne ya dejan de querer estar ahí, desean relajarse, abandonar, tomarse algo en ese bar del que sale un olor tan rico… es entonces cuando o ponemos el coco o nos vamos con todo el equipo a casa y un sabor muy amargo.  Pensar a veces es bueno; en otros tramos mejor no hacerlo y dejarse arrastrar como un río de colores, de piernas que se mueven unas tras otras, y meditando poco más tarde me llegó la tortura… ¡Qué preciosidad La Giralda!

En el km36, descubro andando a Pablo Carmenado acompañado de Daniel Fuentes. Pablo comenzó el maratón con problemas en una pierna y está luchando como el ¡oh líder de los Drinking Runners que es! Les paso con un saludo y poco más. Reservo las fuerzas…

En el km38, por primera vez, en mis tres años como corredora popular, me comienzan a dar unos calambres en los pies increíbles; el derecho aguantaba, el dolor en el izquierdo hacía que se me doblase la pierna. Tengo miedo de no poder terminar. Bajo el ritmo.., resoplo…, respiro… y se marchan los calambres, para volver de nuevo con más intensidad unos minutos después. ¡No me quiero quedar aquí, no me quiero quedar aquí! ¡Cuántas veces me repetiría eso, que casi me como a un corredor, ni veía! Me preocupa que en uno de esos embistes del dolor me pueda ir al suelo, que me levanto y sigo lo puedo jurar, pero ¿y si la organización no me deja continuar?, en definitiva está ahí para eso, para salvarnos de nosotros mismos, cuando nos da igual hacernos daño, cuando somos nuestro peor enemigo y alcanzaríamos la meta incluso arrastrándonos por el suelo.

El maratón está claro que es una fiera salvaje, podemos llevarlo domesticado unos kilómetros, en el momento más inesperado se revuelve y de un zarpazo nos deja tocados, o hundidos, eso depende de nuestra capacidad de reacción, de la fuerza, del coraje.

Creo que a partir de este kilómetro me pasa Arancha que va genial, después Iri, la veo muy bien; pocos metros después Isa, que va lanzada. Me alegran el momento y me dan seguridad, ¡somos luchadoras, lo conseguiremos!

Es todo un estímulo descubrir a la mujer de Julián Hurtado y a su hija Sandra tras la cámara gritándome las dos. No recuerdo si en este punto tengo energía y ganas de sonreír.

¡Qué bonito ver ese cartel del km40!, si tuviese fuerzas me pararía para abrazarlo. ¡Qué largo el parque del Alamillo, señor! He llegado hasta aquí y quiero traspasar ese trozo de plástico por el que en definitiva estoy luchando, ese marco que dice Meta y que me va a depositar en la gloria.

Cada vez me cuesta más avanzar. No conocer Sevilla me provoca que me dé igual ver este edificio o el de más allá, no consigo calcular ya las distancias y no me hago una idea de cuánto queda para el final, ya en el km41.

La alegría comienza al ver las vallas, AHÍ ESTÁ, una hilera de colores va avanzando para encontrarse con su triunfo. Todavía es largo el camino hasta entrar, ya me da igual, tengo el corazón completamente acelerado, las fuerzas ya no sé dónde buscarlas, estoy vacía… una curva y veo la META, estoy en el Estadio de la Cartuja, al descubrirlo es como si me encendiesen una luz para sacarme de las tinieblas de las que vengo; la gente nos grita, siento un escalofrío ¡lo he conseguido!, ¡ya nadie me lo va a quitar! No sé de dónde saco la energía, ¡qué ovarios!, agarro los últimos metros mucho más rápido que he conseguido correr los últimos kilómetros y entro CORRIENDO… 


No debí hacerlo en muy buenas condiciones. Nada más traspasar esa maldita línea de los 42,195 metros veo a David Rodríguez que deja la cámara y viene  hacia mí, en el mismo instante en que dos chicos, muy jóvenes de emergencias, me agarran por los brazos y me preguntan: “¿estás bien?, de todas formas ven con nosotros” dicen y Pablo Carmenado que me grita: “María, ¿estás bien?, María contesta joder…”. Y no es que estuviese tan mal, ni que por borde no les hiciese caso, es que estaba dando GRACIAS, y gracias, continuamente y repitiendo LO HAS LOGRADO, lo has logrado… lo has logrado…  solo que la voz ya ni me salía. Entonces fui consciente de que me encontraba bastante mareada, completamente agotada, esta vez sí creo que lo he dado todo, y me recuperé bastante bien, porque sólo me preocupaban dos cosas: una, recoger la medalla, porque no me iba de Sevilla sin ella, por si, como en otros maratones no había para todos, yo quería recoger la mía ¡ya!; y dos, llegar al autocar que me llevase al hotel de vuelta, ni pensar quería en tener que buscarme la vida sola con ese cansancio. David me comenta que no fue capaz de disparar la foto al verme llegar, pues me voy sin foto, feliz, porque pese a todo consigo mi mejor marca con 4:07:44 en mi segundo maratón.



Siempre le estaré agradecida a Fer, compañero Drinking Runner, que me acompañó hasta que el agua fresca y relajarme me volvió a dejar en condiciones para continuar yo sola… Nunca sabré si habría caído de cabeza contra el suelo al cruzar la meta, esos dos ángeles que me agarraron lo impidieron. En este maratón he tenido muchos otros ángeles, repartidos por el camino, con una cámara en la mano, como David, Sara Vaquerizas, Macu García, Sandra Hurtado; gritando, como #lasmujeresqueaniman conocidas y desconocidas, corredores vestidos con #laverde; esos que se quedaron en Madrid, preocupados porque a tanta distancia no sabían si me iba bien o regular, y esperaban a tener noticias de que por fin había terminado la prueba; pero principalmente un gran ángel o diablo, de pelo negro y pequeño tamaño, enganchada a tuiter, con quien he corrido, y con quien tendré que seguir haciéndolo (espero que mucho tiempo) que me iba dando toques cada vez que me veía correr con la cabeza baja mirando el asfalto y que no ha permitido que ni el calor, ni el agotamiento, o los calambres me dejasen abatir.

He cruzado dos metas del maratón y en ninguna he llorado, ni antes, ni al traspasarla, esta vez ni siquiera al ver a los compañeros y felicitarnos sonriendo, aquí sentada ya he descubierto la razón, es por temor a que Filípides me crea débil y en el siguiente maratón me busque entre tanto corredor para arrearme bien fuerte, por eso, hasta que no estoy muy lejos de él no me permito llorar o hasta que me siento a escribir esta crónica y ya no tengo control, y arrojo todos los sentimientos que provoca esto, que además engancha, y que me ha atrapado y seguiré haciendo, que se llama correr un MARATÓN.

Igual tengo que volver por Sevilla para ver la ciudad un poco más despacio y disfrutar de todo este recorrido.


Me llevo en la maleta, la satisfacción de haber vivido una gran experiencia con el Equipo que todo corredor desea tener, con esos locos Drinking Runners que tienen tantos valores y la alegría de que la expedición que vinimos a correr hemos traspasado todos la meta y nos vamos con la medalla al cuello y la felicidad en el corazón. A todos y cada uno de vosotros un beso enorme, y un abrazo como el que nos damos cada vez que logramos superar una prueba tan dura como ésta.

Y en la mochila cargo, una gran enseñanza, que el maratón tiene un objetivo prioritario y es quedarse con el corredor, vencerle, reírse en su cara si puede, eso que tantas veces escuchamos lo aprendemos de golpe, no hay que menospreciar ni dejar de temer nunca a esos 42,195 metros porque ni llano ni con cuestas nos lo va a poner fácil, he corrido dos maratones y han sido completamente diferentes, pronto afrontaré el tercero, el 27 de abril, entonces os cuento si se parece al primero de Madrid, o al de Sevilla, o termino descubriendo nuevamente que no hay dos maratones iguales en absoluto.

Corredor, persigue tus sueños, no dejes que nadie decida por ti.

Saludos, abrazos, besos,


María Caballero
@MCG66Madrid

Fotos de David Rodríguez (@_Bilito):


Fotos de Sara Vaquerizas (@SaraVaquerizas):

http://www.flickr.com/photos/118696647@N06/sets/72157641503444774/

Fotos de Sandra Hurtado (@8Sandra10):


Fotos de Macu García:













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