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domingo, 6 de diciembre de 2015

Superando obstáculos, cumpliendo sueños. Un gran año de running


Madrid, 6 de diciembre de 2015



Antes de comenzar, quiero darle las gracias a María Caballero, por darme otra vez la oportunidad de contaros mi año de running. En mi primera colaboración en su Blog, otra forma de correr, os hablé, entre otras cosas, sobre mis inicios en este mundo.

En 2015, a la hora de practicar running, he compaginado la handbike con la silla de ruedas de activo, que no de competición, para ello hay que tener muchos aspectos en cuenta a la hora de practicar este deporte de una manera o de otra.

Respecto a la silla de ruedas:

· Con ella la estabilidad es menor, por lo que debemos considerar la altimetría para darle a la silla el impulso adecuado sin sufrir ningún percance, esto en mi caso implica que muchas veces algunas cuestas no pueda subirlas sin la ayuda de alguien, o en su defecto, practique el tractorismo runner (lenta y fiable).

· También es importante el firme, pues no se puede ir por todas partes, cualquier bache te puede hacer tener un contratiempo.

Las carreras en las que he participado con la silla han sido por diversión, en compañía de muy buenos amigos, y con la camiseta de mi gran familia Drinkingrunners, siempre visible para practicar el #run4fun y sumar #Kmsxalimentos.

Carreras:

- 23/03/2015 DKV BOMBEROS DE MADRID 10KM
- 07/06/2015 POPULAR DE HORTALEZA 10KM
- 21/06/2015 NORTE Y SUR 10KM
- 28/06/2015 HAY SALIDA 10KM
- 05/07/2015 METLIFE 15KM


Foto de Revista Run Online

La handcycling o handbike (bicicleta de manos):

· A diferencia de la silla de ruedas la handbike es mucho más estable, me permite ir por diferentes tipos de terreno sin tener que llevar tanto cuidado. En cuanto a la velocidad, puedo ir mucho más rápido, siempre con cuidado de no tropezar con nadie.


Desde enero de 2015 pertenezco oficialmente al equipo de Handbike Fundación Repsol - Fundación También. Me lo tomo muy en serio aunque me divierto igualmente.

Si no fuera por la Fundación También me sería mucho más complicado practicarlo. Antes de entrar en el equipo empecé con una hanbike que no era de competición, es bastante más pesada, pero se adaptaba bien a mi lesión medular, con ella, y gracias a los entrenamientos, el día 31 de mayo conseguí mi primer reto, terminar una carrera sin ayuda, lo que hasta ese momento no había sucedido y tuvo que ser en la Liberty, carrera muy especial para mí, ya que es la primera en la que participé en compañía de una gran amiga.

De la edición de este año quiero destacar lo emocionada que me sentí cuando de repente, pasada la peor parte de la carrera, vi al coordinador del equipo, sabía que estaba cerca de la meta y que iba a lograr terminar yo sola. Tenía mi cara sonriente pero en el fondo lo que me apetecía era llorar de la emoción. Creo que lo primero que hice nada más llegar a meta y verle, fue abrazarle y darle las gracias por confiar en mí, ¡lo había conseguido!




A partir de entonces vinieron más carreras y como dice un gran amigo “no bajarme del podio”.

Esto último, para mí era lo de menos, mi rival era yo misma y las metas que me había propuesto: terminar sola en handbike todas las carreras de 10kms que pudiera y, si era posible, mejorar mi marca personal.

¿Creéis que he conseguido ambas cosas? Tendréis que leer entero este texto para enteraros.

En mi reto de terminar sola, en la gran mayoría de las carreras he ido arropada de buenos amigos que me han ayudado dándome apoyo moral para finalizar las carreras y no rendirme, como estuve a punto de hacer en la carrera de Madrid corre por Madrid y gracias a Iván y Baldo, que me acompañaron toda la carrera, no lo hice. A veces no ha podido acompañarme ningún amigo porque no han conseguido alcanzarme antes de llegar a meta.


Foto de Laura Puerto

Antes de verano me dieron la gran noticia de que me habían apuntado, junto con otros compañeros del equipo de Handbike Fundación Repsol - Fundación También, al GP de Handbike de Jerez, el 5 de Septiembre. Me puse muy contenta a la par que nerviosa. Me apuntó Miguel Ángel porque estaba convencido de que estaba preparada para mi primera carrera oficial con el equipo y aunque no saliera bien la competición por lo menos iba a disfrutar de la experiencia. Así que tuve que habituarme rápido a la handibke de competición, solo pude utilizarla unas pocas veces ante de irnos a Jerez de la Frontera. Fue un fin de semana irrepetible, que pude disfrutar en compañía de #mifanumber1, Héctor Romero, ya que él quería vivir desde dentro este mundo. Al final y haciendo caso de la frase de Ángel (ContadordeKms), volví a subir al podio, pero esta vez acompañada por una de mis referentes en este mundo, la triatleta paralímpica Eva Moral.



Foto de Héctor Romero

Así han ido pasando los meses y las carreras, hasta que ha llegado el final de la temporada del equipo de Handbike con la Fundación.

Carreras:

- 29/03/2015 MEDIA MARATON DE MADRID ASICS 21KM
- 31/05/2015 LIBERTY 10KM
- 05/09/2015 GRAN PREMIO DE HANDBIKE JEREZ 14KM
- 20/09/2015 MADRID CORRE POR MADRID 10KM
- 26/09/2015 HIGUERO RUNNING FESTIVAL 5KM
- 18/10/2015 CSIC 10KM
- 01/11/2015 MADRID TAMBIEN SOLIDARIO 10KM
- 28/11/2015 PONLE FRENO 10KM


Foto de Marisa Porral

El broche final lo pusimos con la carrera de Ponle Freno, el día 28 de noviembre. Es una prueba patrocinada por Atresmedia y cuyos beneficios íntegros iban destinados a la investigación médica de las lesiones medulares.

Había quedado con los del equipo en la Plaza de Colón, en la zona de salida de la carrera a las 8 de la mañana. Llegué a la vez que el entrenador y cuál es mi sorpresa que me encuentro a la talismán del equipo y a otra niña que hacía poco que había empezado a practicar handbike.

Son las dos nuevas promesas del equipo, esa mañana lo dieron todo.


Foto de Marisa Porral

Hacía mucho frío y corrí con la chaqueta del uniforme del equipo. Los 5kms primeros eran de subida, no quise darle muy fuerte para poder terminar la carrera. Físicamente me sentí mucho mejor que otras veces, se notan los entrenamientos y el cambio de la handbike, ésta pesa mucho menos. A lo largo de esos primeros kilómetros me alcanzó una de las niñas del equipo, iba acompañada por su padre, así que pensé “esto no puede ser” y corrí con más ganas. Cuando empezamos a bajar tuve que ponerme a gritar para que los corredores de a pie me dejaran pasar, sin embargo, algunos no me oían, iban con la música y no me escuchaban. Vi aparecer a mi compañera Marta y entre las dos nos fuimos abriendo camino. Casi al final de la carrera nos encontramos con la otra niña del equipo. Marta y yo la escoltamos hasta el final, si bien a veces Marta iba detrás de ella y yo delante, y viceversa, así nos turnábamos para gritar a los corredores que nos dejaran paso. Tuve que frenar varias veces para no pillar a nadie. En el giro a la altura del Palacio de Cibeles éramos tantos corredores y tan poco el espacio para correr que me costó torcer y, claro, me topé con dos corredores, que no me miraron muy bien, ¿qué iba a hacer yo si iban con la música puesta y no me habían oído pedir paso? En ese punto perdí de vista a mi compañera y a la niña que iba con nosotras. 

Me divertí mucho en la carrera. No pude mejorar marca pero quedé tercera de handbike de chicas. Y lo que todos supongo que estabais esperando que contase, pues sí, con esta carrera conseguí mi reto: TERMINAR TODAS LAS CARRERAS DE 10KMS EN HANDBIKE Y SIN AYUDA.

Esperemos que el año que viene sean más kilómetros y mejores aún. Muchas gracias a todos por vuestro apoyo incondicional y a la Fundación También por todo lo que hace por nosotros.


María Matilla Valls
@matillavm




viernes, 31 de julio de 2015

Nunca tuve intención de ser corredora, con ser jogger me sobraba


Madrid, 31 de julio de 2015

En los meses de verano, al no tener carreras que contaros, aprovecho para hacer repaso de lo que me apetece publicar y no he podido escribir durante el resto del año. Como comenté la semana pasada en Soy de las que un día dijo: haré cualquier cosa antes que correr, ya es hora de que cuente cómo fueron mis inicios, igual el tema no os interesa en absoluto, a mí es algo que me sigue faltando en el Blog.

Por la diferenciación que marco en el título entre corredora y jogger, no estoy diciendo que ser una cosa tenga más valor que ser la otra, simplemente, nunca imaginé que llegaría a competir en ninguna carrera, y muchísimo menos que esa prueba tendría 42k a lo largo de su recorrido, mi intención tan solo era, liberar energía.

¿Cuántos de vosotros no habréis comenzado a correr por estar desempleados, sometidos a un ERE o encontraros con una reducción de vuestra jornada laboral habitual? La crisis le ha quitado a este país tantas cosas como corredores populares le ha dado. A mí también me tocó, sin parar de trabajar durante 18 años, muchas horas y con el estrés y la presión siempre sobre la cabeza, pasé a largas horas desocupadas, tranquilidad durante todo el día, y eternas noches para darle vueltas a la situación en la que me hallaba. Al principio me parecía genial tener el tiempo libre del que había carecido, más tarde… ¿cómo gastar tanta energía para que no se volviese dañina?

A comienzos de febrero de 2011 me surgió la idea y ni lo medité, me parecía acertado y lo puse en marcha. Teniendo un hermano maratoniano y pudiendo iniciarme con todo el estilo, o al menos con mejor pinta, tiré por hacerlo a mi forma. Es muy suya la chica… muy suya…, por orgullo, por no fracasar ante los demás, decidí que fuese tan solo mío ese proyecto.



En esa época salía a andar, bastantes horas, algunos días, hasta cuatro, y eso era lo que creían en casa que iba a hacer también aquella tarde, a nadie le conté que trataba de comenzar a correr. Mi atuendo: camiseta de algodón gruesa (soy muy friolera), chándal, plumas y zapatillas deportivas (no específicas para correr).  Calenté caminando un par de vueltas alrededor de las calles cercanas. Para tener referencia de lo que iba a correr cada día, me situé en un punto próximo a mi casa. Me quité el plumas y me lo até a la cintura, puse el crono, ¡preparada…, lista…, allá voy! No sé si empecé muy rápido o lento, sinceramente no tengo ni idea, sólo sé que aquello costaba mucho más de lo que había imaginado, me faltaba el aire, boqueaba, sudaba, el corazón me dolía de lo rápido que latía, se me doblaban las piernas, se me nubló la vista… por un momento, sentía el desmayo muy cerca. A pesar de esas malas sensaciones, iba feliz, ¡menudo carrerón me había pegado! Paré, el crono se había movido ¡dos miserables minutos! ¿Y la distancia? ¡Qué vergüenza!, aún veía el punto desde el que salí. ¡No había recorrido casi nada! ¡Menudo bajón me pegó!

Ya recuperada, me dio la risa floja, mi primera vez los cinco minutos corriendo, cinco caminando se habían reducido a menos de la mitad. No podía parar de reírme.

Testaruda sí que soy. Al día siguiente, vuelta a empezar. Mismo recorrido, pésimo resultado.

La primera semana me dolía todo ¿y de qué? Lo mío no se podía llamar correr.

La segunda semana fue incluso peor. Mejoró el tiempo y la mitad de mis vecinos salieron a andar a mi hora de “correr” y me daba vergüenza, sí, lo reconozco, ¡muchísima!, tanta que si me cruzaba con alguien conocido paraba o me cruzaba de acera como podía, es decir, renqueando, con una pierna arrastrada por el asfalto, dando miedo a los coches que me veían.

Me transformé en una cotilla de parques, me sentaba en un banco a mirar a todo corredor que atravesaba por allí, y me fijaba en su estilo, respiración, zapatillas, ropa… ¡Ni uno era como yo! Debía seguir escondida, ocultando a la familia que corría.

En el Pinar de San José fue donde me solté un poco, entre tanta gente haciendo deporte pasaría más desapercibida, ¡qué ingenua! Un día vi que un corredor colgaba una botella de agua en un pino y se marchaba a correr, al rato bebía, la dejaba nuevamente y seguía corriendo. La idea era genial, no corría casi, pero pasaba una sed de muerte y cargar con algo me resultaba impensable, ¡si no podía ni conmigo! Colgué mi botella y me dispuse a realizar mi recorrido, ya de bastantes metros seguidos… Al volver a mi árbol descubrí a unos chavales llevándose mi agua, les grité, traté de alcanzarlos, ¡qué pardilla! A continuación se dedicaron a correr a mi alrededor burlándose: ¡qué fresquita el agua de la señorita! ¡ay, que se me cae la botella abierta! Pero yo seguía corriendo, que quede claro.

Practicaba (que no entrenaba) con la cabeza agachada, mirando al suelo, sin querer ver la cara de ningún corredor con quien me cruzaba, si me saludaba alguien, me ponía aún más roja del bochorno que me entraba.

¡Vamos bonita, si voy yo más rápido que tú!, y me adelantaba el abuelillo con su palo, dándose impulso.

¿Pero tú vas corriendo? ¿No se te da muy bien, verdad?, me soltó un niño una tarde y se prestó para hacerme de liebre, ¡cómo entendía el crío! él sí que llegará lejos.

En otra ocasión, para correr más rápido, no me até el plumas, lo dejé en el lateral de un banco, bien doblado, pequeñito, para que no llamase mucho la atención. Iba y venía. Hasta que fui y al girar una señora se llevaba mi plumas, con el DNI, las llaves, móvil… ¡ese día dejé de arrastrarme y comencé a correr en serio!, con todas mis fuerzas y alcancé a la señora, recuperé mi plumas y descubrí que podía hacerlo mejor!

Seguía sin localizar ni a un solo corredor como yo, ¡tan solo expertos de ropa bonita y zapatillas llamativas!

Con el calorcito cambié mi disfraz, camiseta de algodón, sí, y de propaganda, podéis mirarme por encima del hombro, y pantalón pirata, mismas zapatillas y clara pinta de “no te juntes con esa que no es corredora”. Si no sabía si podría con eso para qué gastar dinero, ni me lo planteé. Tampoco me relacionaba con nadie corriendo, todos mis conocidos ya eran maratonianos o iban camino de serlo muy pronto. No estaba en las redes sociales, no tenía que publicar foto tras cada tortuosa salida.

Comprobar que avanzaba y en pocos meses ya lograba completar 5 kilómetros sin parar me alegraba la vida, nunca tuve intención de ser corredora y participar en carreras como mi hermano, mis vecinos…, lo veía inalcanzable, con ser jogger y recorrer de forma tranquila, tintineando las llaves, una cierta distancia, me llenaba. Esa sensación de plenitud cambió en el momento en el que empapelaron el barrio con carteles de la XXI Carrera urbana de Carabanchel, me sorprendían por todas partes, escuchaba a corredores con los que me cruzaba comentar que participarían. No me llamaba la atención en absoluto la carrera, solamente el anuncio. Una noche me senté delante del ordenador, leí el reglamento al completo y sin saber cómo, apareció ante mí una frase que no me dejó dormir: la inscripción se ha realizado con éxito. ¡De verdad, no era yo! ¿Cómo lo hice? Si apenas aguantaba 5, ¿cómo pretendía completar 10kms de una de las carreras más duras? Correr me confundió, me creció, debió ser eso, más tarde aprendí a llamarlo superación.

Entre que las vecinas ya le llegaban con el chisme a mi familia: ¡he visto a tu hija mayor corriendo! ¿¿A mi hija?? ¿¿La mayor?? ¿Seguro que era ella? ¡Segurísimo, la misma!; y que tendría que contar que iba a participar en una carrera, principalmente, por si me pasaba algo, llegó el momento de tomar aire, confesar que había empezado a correr, bueno, más exactamente que llevaba ya cuatro meses y aguantar el chaparrón de críticas en casa.



Debía finalizar esa carrera, nadie confiaba en que lo consiguiese, la frase de disfruta mientras te sea posible y abandona cuando ya no puedas más, era el constante ánimo que me ofrecían. Compré mis primeras zapatillas de correr.




No considero que corra ni bien, ni mal, sencillamente, corro. Sin grandes marcas, he logrado terminar todo lo que me he propuesto, no habré llegado muy rápido a ninguna meta, aunque sí con la seguridad de que la cruzaría.


En 1:05:40 entro en meta en mi segunda carrera,
La Melonera, por el lado derecho de la pantalla.

Saludos, abrazos, besos, y hasta pronto.


María Caballero
@MCG66Madrid




viernes, 24 de julio de 2015

Soy de las que un día dijo: haré cualquier cosa antes que correr


Madrid, 24 de julio de 2015


Este Blog nació el 25 de marzo de 2013. La idea inicial fue publicar la carrera que en esos días iba a correr y, a continuación, contaros un poco cómo habían sido mis inicios como corredora popular. Andaba inmersa en tanta actividad que un post llevó a otro y a otro… nunca encontré el momento de escribir una presentación sobre mí.

Ahora, puede que sea tarde. Al no dormir nunca la siesta, esas horas sofocantes de verano, las utilizo para estas reflexiones.

Coincidir con compañeros del colegio está genial, hacemos repaso de los que seguimos viendo, de aquéllos que hacen como si no nos conociesen de nada y sacamos, solo un poco, la vena mala, comparando quiénes se conservan mejor que nosotros y quiénes ni parecen de nuestra misma edad. Hace unos días, junto con el ¿te acuerdas de todo lo que hicimos juntas en el cole?, comenzó a tintinear en mi cabeza un recuerdo que llevaba ahí dormido tantos años que sigo sorprendida de que reapareciese sin llamarlo, gracias a él, y aunque no lo parezca, debo confesaros que soy de las que un día dijo, haré cualquier cosa antes que correr, y es que hubo un tiempo en que no solo no me gustaba, es que aborrecía esta actividad.


Con el final de curso llegaba la fiesta, más que para nosotros, para nuestros padres, que se iban a pasar tres meses soportándonos. Lo habitual era preparar una obra de teatro, alguna pieza musical, una exposición…. hasta que apareció un joven y fornido profesor de gimnasia, lo que ya todos llamamos educación física, que ideó las carreras por relevos para divertir a nuestros progenitores y vecinos de los alrededores. Unos meses antes de concluir las clases lanzó la idea, el director la apoyó, y los chicos enloquecieron con su propuesta. A las chicas se nos quedó cara de: no cuentes con nosotras. Debimos pensar en bloque que no nos apetecía en absoluto culminar el último día sudadas, despeinadas, jadeantes y congestionadas… y más aún, delante de tanta gente. Era la edad de presumir y lucir divinas, no de afearnos más allá de lo natural en cada una.


Los entrenamientos fueron geniales, teníamos catorce años y todas las ganas de fastidiar a nuestro “Sansón”. Se paraba la clase cada dos por tres porque a una se le salía la zapatilla y no la encontraba; a otra se le soltaba la coleta; aquélla creía haber escuchado a su madre llamarla del otro lado de la valla… Nos ganamos el mayor de los castigos el día en el que escondimos un testigo y no apareció, amenazaron con quitarnos un punto en la nota media de curso, y nos dio igual, ¡éramos un equipo! Más tarde, ¡qué risas en el parque!, portando el testigo de trofeo, parodiando al profe, a punto de llorar de rabia, odiando correr.

Hubo compañeros que se encargaron de acordonar la zona exterior del colegio para que el público y los transeúntes no entorpeciesen la prueba. Otros controlaban que los corredores no hiciésemos trampas y que cada uno de nosotros daba dos vueltas antes de pasar el relevo a otro compañero. A mí me iba cualquier papel menos el de corredora. El musculitos repartió las tareas fastidiando a todo el mundo. Los que se morían por correr, y además lo hacían bien, se vieron obligados a permanecer quietos sobre un trozo de acera. Yo que me quejé, amenacé con no aparecer el día de la carrera y llegaba con ojos llenos de ira a gimnasia, tuve el privilegio de terminar los relevos de mi equipo, cargarme con toda la presión:

- ¡Corre más, tía, que te va ganando Santi, con lo gordo que está!

- María, no te estás esforzando nada, puedes correr más, nos vas a hacer perder…

¡Ese día odié con todas mis fuerzas correr!, pese a que todo el mundo nos felicitó, y ¡vaya panzada a besos que nos llevamos! Incluso el director nos devolvió el punto arrebatado por malévolas.

Al gimnasio acudíamos para entrenar las volteretas, el pino, saltar el plinto… No para correr, eso lo hacíamos en cualquier momento, nos salía sin más, formaba parte de nosotros. Siempre corríamos por placer, como obligación no lo entendíamos.


Ya que había salido esta historia, rebusqué, y saqué a tirones, otra en la que también corría con mal gesto y ganas de no tener que hacerlo nunca más.

Tras las vacaciones de verano, llegó el instituto, y ahí el profesor de educación física bien podría haber sido el padre del que se quedó en el cole. Eso sí, con el doble de edad, más músculos y peor mala leche aún. Todas sus clases comenzaban corriendo, para calentar decía, a pleno sol, o por la zona del patio donde zumbaba más el aire, dependiendo de la estación del año. El marcaba un número de vueltas y quien se quejaba las doblaba, así, dictatorialmente, y lo más genial es que leía la mente, miraba a alguien fijamente y soltaba un: ¡tú hoy triple, verás que al final te va a gustar esto…! ¡Señor, si no movíamos ni un músculo de la cara, casi ni respirábamos! Ahora que vamos tomando confianza, debo confesaros que en ese curso me juré que no volvía a correr ni por necesidad. Y me pasé años sin hacerlo, no corría ni por perder el autobús, incluso yendo con la hora ajustada, ¡ya vendrá otro! La gente batía sus marcas escaleras abajo en el metro, y yo tranquilamente… ¿Tú nunca te aceleras? Sí me acelero, pero no corro, ¡porque no me gusta correr, se suda, cansa, y es un coñazo!

Muchos años después, pasé de no querer correr, a no desear dejar de hacerlo. Los inicios como corredora popular han sido duros, dolorosos, a veces muy frustrantes. Pudiendo comenzar con toda la clase, con estilo, lo hice de la forma más patética posible. Os lo contaré en la siguiente entrega, en:








viernes, 15 de mayo de 2015

No todo es correr


Por Agustín Larico, Vizcacha


Madrid, 15 de mayo de 2015

Quiero agradecer a María Caballero por darme la posibilidad de compartir mi experiencia en este mundo de corredores populares.

Soy Agustín Larico. Nací en un recóndito pueblo andino de Puno, Perú, muy cerca del Lago Titicaca, en el año 1955. Actualmente vivo en Madrid desde hace 12 años y me siento muy identificado con esta hermosa ciudad que, aparte de haberme acogido, me ha dado la oportunidad de correr por sus calles, parques y compartir en ella esta afición con otros corredores.

Muchos me conocen como "Vizcacha" o "chico quinoa". El que me identifiquen con estos dos nombres tiene su razón, la Vizcacha es la liebre Andina y abunda por los lugares rocosos que rodean el Lago Titicaca, por donde tenía que pasar por fuerza de casa al colegio, casi trotando, disfrutaba mucho al verlas correr o sentadas sobre las rocas.



Lo de "chico quinoa" es por el tipo de alimentación que llevo últimamente. La quinoa es un granito diminuto con nutrientes naturales que contiene casi todo lo necesario para una dieta equilibrada para los atletas, también es beneficiosa para personas con diabetes y colesterol.

Lo de correr es algo que junto con otras pasiones lo llevo muy bien y estoy totalmente enganchado. Ya van 6 años desde la primera vez que decidí salir a trotar por la zona del Cementerio de la Almudena, algo que surgió por una recomendación médica que me habían dado hace muchos años, ya que el azúcar era algo que escapaba a mi control, en especial si uno sabe cocinar y preparar buenos cócteles. Correr ha hecho que me olvide de ciertos caprichos, pero mi salud ha mejorado enormemente, diría que (hasta) he rejuvenecido.

Recuerdo que salí a trotar con las típicas zapatillas de vestir y al cabo de varios días terminé con las rodillas doloridas, la causa de esto fue la falta de información, cosa que es muy común hoy en día cuando se empieza a salir a correr al querer ponernos en forma. Disfrutaba de esos pocos kilómetros y me sentía fuerte, aunque terminaba con muchos dolores, claro, ni estiramientos hacía.

Reconozco que fue eso lo que me empujó a leer libros, revistas, ver videos sobre "cómo correr". No siempre se puede encontrar una información completa, sin embargo, se aprende mucho sobre equipación, preparación, técnica de carrera, alimentación y, en particular, estiramientos, algo fundamental para que el cuerpo trabaje con cierta flexibilidad.
Participar en alguna carrera popular me hacía mucha ilusión, me sentía ya preparado para ello y me inscribí a una de 5 kilómetros y, como para muchos de nosotros, esa famosa cuesta del Ángel Caído fue terrible, nunca lo olvidaré. Ahora se me hace más fácil subirla incluso a un ritmo de 5’05".

Si comparamos con mi país, correr en el Ande es algo más complicado que aquí por la falta de oxígeno, casi no se usa equipación especial para hacerlo. Viví hasta los 14 años a 3.830 metros de altitud y las veces que salía a trotar lo hacía al estilo de vida que hasta el día de hoy existe, pero tampoco tuve lesión alguna; muchas veces corría con unas "ojotas", que son sandalias fabricadas con la goma de los neumáticos.



Lima, la capital, tiene un perfil más parecido a las grandes ciudades, se puede decir que no hice mucho deporte allí por motivos de estudio y trabajo.



Es cuando empiezo a viajar por el mundo, por motivos laborales,  que retomo este sano deporte, lo practicaba poco organizado y según el tiempo del que disponía. A día de hoy, para mí, correr significa hacerlo de una manera planificada y disciplinada. Esto me ha dado mucha salud y en lo personal me ha permitido conocer a alguien especial e importante con quien comparto mis entrenamientos, además de las carreras. Es verdad que cuando dos personas tienen las mismas aficiones todo es posible, y se realizan de una manera más divertida.

Ahora soy un loco de correr (así como nos llaman por ahí) y participo tanto en carreras cortas, como en media y larga distancia. Esta última me gusta más, ya que tiene mucho sacrificio y al cruzar el arco de esos 42,195 m. le cambia la vida a uno. Me preparo a conciencia las carreras para evitar lesiones y disfrutarlas a tope. Hablando de lesiones, para mí, "no todo es correr”, combino los entrenos con trabajos funcionales, fortalecimiento, algunas técnicas motivadoras y descanso.



Mis lugares favoritos para entrenar son: el ensanche de Vallecas, el Retiro, el Cerro Almodóvar y su bosque, … Prefiero los lugares donde me encuentre con la naturaleza, disfrutar del sitio y de los entrenos. Los espacios con mucha concurrencia me cansan más que los mismos kilómetros.

Preparar las carreras tiene muchas cosas positivas, ya que mejora las condiciones físicas y ayuda a ver de otra manera la vida; cuesta un poco seguir ciertos planes, pero siempre hay un momento durante la jornada, ya sea muy temprano o al final del día, para entrenar. Lo importante es hacerlo, ser constante y marcarse un objetivo.

"No todo es correr” seguirá siendo mi lema favorito, tener una buena base para hacerlo es importante, por eso os aconsejo que antes de empezar a correr os informéis de todo lo necesario; esto os llevará a evitar lesiones y a ver progresos a corto plazo.

Tener una buena técnica de carrera es fundamental para disfrutar de cada zancada y contribuye a afrontar mejor los entrenamientos para llegar en excelentes condiciones a las carreras.

Correr me ha dado la oportunidad de conocer a muchas personas con las que he compartido horas y horas haciendo ejercicios de fuerza, trabajos funcionales y sesiones de estiramientos, aspectos que considero necesarios para que los músculos vuelvan a su estado natural y tengan mayor flexibilidad.



Gracias a estos pocos años corriendo y a compartir quedadas con los Drinking Runners, los Beer Runners y otros grupos de corredores, he podido adquirir una pequeña experiencia que estoy volcando en una guía sobre "técnicas y estiramientos en tus zancadas", que con mucho placer la voy a compartir con tantos de vosotros.




Agradecer nuevamente a María Caballero, una apasionada de correr y gran persona, por acercarme más a este mundo de zapas y zancadas.

Espero veros en alguna quedada de las que organizo para compartir un entreno, charlar e intercambiar ideas y, sobretodo, pasarlo bien.

Un saludo especial a todos,


Agustín







domingo, 22 de marzo de 2015

Lo que aprendí mientras no estaba corriendo


Madrid, 22 de marzo de 2015

Estas reflexiones han surgido por lo que leo en otros blogs, redes sociales y mensajes de wasap, por las charlas con corredores y por lo que yo misma he vivido en los últimos años como corredora.

No deja de sorprenderme la gente que se encuentra muy activa, motivada, llena de energía y proyectos, y un buen día, se desinfla, como un globo, y lo deja, ya no funciona su motor para seguir y ese día se plantea si correr le hace realmente tan feliz como imaginaba.

Creo que, tarde o temprano, todos los corredores populares nos vemos envueltos en una vorágine. Puede darse que nos dejemos atrapar, continuemos en esa corriente y toquemos fondo, para después remontar y volver a salir o nos quedemos apartados de este deporte para siempre. También puede ocurrir que la veamos llegar, como si fuese el tío del mazo, sepamos sortearla y pararnos unos segundos a reflexionar y solucionar el problema que se nos viene encima. Si queda tocada la motivación, que, al menos para mí, debe hallarse dentro de nosotros, no en las redes sociales, ni en los amigos que nos arrastran para salir a entrenar o participar en carreras, tendremos que volver a atraparla. Si otros deciden por nosotros, pronto nos veremos arrastrados por la corriente, cual débil hoja, hasta terminar agotados o despreciando el deporte que hasta ese momento amábamos.


A mí motivación no me ha faltado por ahora, pero sí toqué fondo en las carreras de 10kms, me empezaron a parecer una obligación. Unas no me las quería perder porque eran especiales para mí, a otras tenía que ir porque eran especiales para los demás. Nunca quise correr más de una al mes, por el desgaste que me suponía. Hubo meses en las que parecía pecado no acudir a las tres que se celebraban, no asistir, dejaba un mal regusto.

No podemos estar en todas las carreras que se celebran, ni quedadas, ni participar en cada uno de los diversos grupos de entrenamiento, que cada vez se organizan más… ¡algo nos debemos perder!

Yo misma noté cómo las corrientes me agarraban por los pies y me arrastraban a una loca ida y venida, de un sitio a otro, con una extraña apetencia por querer figurar en todos los lugares.

Llegué a pensar si no era mejor esa época en la que nadie sabía que corría, ni que participaba en carreras. Tras terminar, regresaba a casa, y muy pocas personas conocían lo que había hecho esa mañana. Solo tenía Facebook y allí no lo comentaba, a ninguno de mis contactos, amigos, de aquel entonces les interesaba. La alegría de conocer a gente increíble y compartir estas experiencias que unen tanto, se estaba quedando relegada a un segundo plano, del placer, caminaba rumbo a la obligación.

Si deseamos estar al día de todo, ser los primeros en hacer algo, ser originales, encontraremos nuevos motivos para estresarnos.

Las modas son pasajeras, siempre, también en nuestro mundito de corredores. Somos un público perfecto para las marcas. Los populares parece ser que lo necesitamos todo, lo queremos todo. ¿Cuántas cosas compramos y después mueren en los cajones sin haberlas estrenado o usado apenas? Además, lo que hoy es ideal y maravilloso en cuanto a zapatillas, ropa y otro material, mañana nos convencerán de que tenemos que desecharlo, y comprar lo opuesto.

Si te has decidido, tu amigo llegará con uno mejor. En cuanto te compras unas zapas, GPS o lo que sea, sale otro inmediatamente a la venta, que siempre te parecerá que tiene mejor pinta, seguramente, solo porque a tu alrededor lo lleva otra gente.

No por mucho madrugar… Por muy temprano que salgas a entrenar, inevitablemente, te cruzarás con algún corredor que ya esté regresando. Ese día te quedas sin poder tuitear que ¡has sido el primero!

Por muy bien que lo hagas, habrá mil mejores. He dicho pocos, porque cada vez somos más, y cuando creíamos que teníamos una posición privilegiada en las clasificaciones, aparece una nueva oleada de corredores que nos desplaza nuevamente hacia atrás.


Popularmente anónimos. Por muy conocidos que nos creamos, solo lo somos para una parcela reducida de gente, podemos quedarnos una semana entera sin entrenar, perdernos varias carreras, faltar a las quedadas, incluso no publicar nada en redes sociales, y no pasa nada, ni nos van a sancionar, ni se desintegrarán nuestras zapas, ni perderemos nuestras apreciadas medallas, ganadas con tanto esfuerzo. Las pruebas se van a celebrar incluso sin nosotros.

No tan iguales. Ni por llevar la misma camiseta nos transformamos en el de al lado, ni por correr con las zapas de los profesionales, correremos como ellos. Somos únicos. No tratemos de compararnos con los demás, cada uno progresamos a un ritmo, competimos con nuestros propios objetivos y nuestros gustos son diferentes, aunque no lo parezca, debemos hacer lo que nos apetezca y nos llene en cada etapa.

Publicamos porque nos apetece. Nuestros entrenamientos no son de interés público, por supuesto, ni los mejores, ni los más cañeros… Hay quien ha tenido el valor de soltarlo claramente: “me da absolutamente igual lo que entrenéis”. Aún así, vamos a seguir colgándolos en todas partes si nos apetece, si a otros no les agrada verlos, que se los salten, pero si a alguien le ayudas a salvarse de tirar la toalla en los malos momentos, o motivas a otro a dejar el sedentarismo, o… habrá merecido la pena. Puede que nadie comente tus publicaciones, ni siquiera recibas un “favorito” o un “me gusta”, eso no quiere decir que no te lean, a veces, simplemente a los demás les falta tiempo, y mucha gente jamás comenta nada, pero lee todo. Publica para ti, porque te ayuda, te gusta verlo ahí plasmado, o te hace sentir importante.

De esta manera empecé a escribir mi blog, solo para mí, por si un día dejo de recordar lo que he hecho, para saber lo que he vivido, conservar esos momentos tan buenos que no quiero perder en el olvido, si, además, le sirve a alguien más como motivación, ayuda o simple entretenimiento, ¡más que genial!


Correr merece la pena; competir da muchas satisfacciones personales; entrenar nos ayuda a conocernos mejor.

Gente a la que he visto con la cara iluminada de alegría, los ojos brillantes de emoción, gritando lo que llevan dentro a pleno pulmón al cruzar una meta, riendo y llorando al tiempo, no es posible que anden pensando si les merece la pena seguir corriendo, si eso es lo que les gusta y les llena, para mí la respuesta es sencilla, SÍ, solo hay que luchar para que lo que es diversión no se transforme en una nueva obligación.

Saludos, abrazos, besos,

María Caballero
@MCG66Madrid





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