sábado, 7 de mayo de 2016

No es tan solo por un trozo de metal - Maratón de Madrid 2016


Madrid, 24 de abril de 2016 – 9:05 horas

No quería correr el maratón de Madrid, al menos no tan pronto, deseaba que transcurriese más tiempo desde el del 2014 y el siguiente en esta ciudad. No soy como otros maratonianos que, edición tras edición, se colocan en la misma línea de salida para luchar un recorrido similar. Sin ser supersticiosa, en este terreno sí lo soy y me entra un desasosiego complicado de quitarme. Prefiero variar, incluso con el inconveniente que supone una ciudad extraña, de calles que no me dicen mucho. No me gusta hacer una y otra vez el mismo maratón, recordar el punto en el que me dio el calambre, aquél en el las fuerzas iban muy justas, ese otro en el que los dolores me hicieron dudar si alcanzaría la meta… prefiero dejar que el tiempo emborrone los recuerdos.


Bolsa del corredor

Avituallamiento final de carrera

El responsable de que hoy me cuelgue este dorsal es Chema Ocaña y su Comunidad del Anillo, por su propuesta de acompañarle en su debut en esta distancia. Finalmente, los planes no resultaron como deseábamos y, nuevamente, como es costumbre, lo corro sola.

El Parque del Retiro a las 7:30 horas de la mañana es un hervidero de corredores. A lo largo del Paseo de Fernán Núñez no paro de encontrarme con gente conocida, tanto con los que se dirigen al exterior del parque, al Paseo del Prado, como con los que, como yo, van hacia el ropero. Es el mejor momento para pasar por el baño, las colas son aceptables. El ropero va rápido, al llevar la mochila dentro de la bolsa reglamentaria con la etiqueta pegada con el número de dorsal, la entrega se agiliza bastante.



Foto de José María Facila

A continuación, la idea es ir al Palacio de Cibeles para la foto de recuerdo con el resto de compañeros y con la gente que, a lo largo de la mañana, estará animando por las calles. Al pasar por los cajones, y verlos tan vacíos, el sentimentalismo de la foto se enfrenta a la realidad de conseguir un buen lugar en mi cajón, que supondrá situarme delante de muchos corredores. Tras dudar varios minutos, decido entrar, calentar y relajarme aguardando la hora de empezar.

Al principio la paz reina. Algunos deben verme cara de saber de lo que va aquello y me preguntan por el recorrido, si es tan duro como parece sobre el papel; otros, que harán la media, si se enterarán o verán claramente el desvío a tomar… y así me olvido del mordisco en el estómago que me acompaña desde que me levanté. Y llega el bullicio. Múltiples voces, que se confunden con lo que nos trata de contar el speaker, el remolino de pensamientos que llevo en la cabeza a ratos me impide escuchar nada. Lo único que se me queda grabado es que protección civil recomienda hidratarnos a conciencia, la temperatura a partir de las cuatro horas en carrera, será alta.

Por fin anuncian la salida, despegamos andando, durante metros y metros, hasta que no piso la cinta no inicio un ligero trote, no merece la pena malgastar fuerzas en adelantos, ya habrá tiempo de correr.

Del Km1 al 10. Calentando.

No volveré a cometer el error de comenzar demasiado fuerte los primeros kilómetros, ¿cuántas veces me habré repetido esto durante los entrenamientos? Y ahora en el Paseo de Recoletos, en cuanto logro espacio en el asfalto, descubro que voy acelerada. Trato de acomodar el ritmo, de mantenerme en los seis minutos/km por el momento. La gente va lanzada, nerviosa, gastando energías en zigzaguear  de un lado a otro. Antes del Km2 me saluda Carlos Garrido Gutiérrez, en este instante nos desvirtualizamos. Poco después sucede igual con Vizcacha y Lisbeth Schou, tras unas breves frases les veo avanzar entre los colores y los pierdo. Sobre el Km3, está David Villarino, en la acera, aguardando a alguien.

Hallamos un montón de gente animando en la primera parte. En esta carrera, mi buena memoria no es suficiente para recordaros y situaros a cada uno por las calles, hacía años que no veía algo igual.

Los primeros kilómetros no los defino ni más sencillos ni más cómodos, simplemente vamos descansados y bromeamos con quienes coincidimos y de momento todo nos parece posible, eso sí, en Madrid, son de subida. Además, es un tramo conocido, que hemos recorrido en múltiples carreras, el Paseo de la Castellana, amenizado a la derecha con los corredores de los 10K que corren hacia su meta.

Pronto llegamos al Km5, el primer avituallamiento, con la carretera regada de tapones. En las primeras mesas no hay agua. Avanzo, dejo pasar hasta tres mesas porque los corredores están apiñados frente a ellas, con los voluntarios abriendo los plásticos y sacando botellas lo más rápido que pueden, que para nosotros no es suficiente, me veo obligada a quedarme parada hasta que, finalmente, me entregan una botella. Por suerte, va con el tapón. Trato de huir lo más rápido posible, prestando mucha atención a lo que está tirado por el asfalto, ya beberé más adelante. Los avituallamientos son todos así. Nos toca aguardar. Parar. Desesperarnos. Hasta que nos largamos con el líquido.

Es en el Km6 cuando me decido a abrir la botella, corremos muy pegados, constantemente alguien que se acerca en exceso me hace tropezar con su pie. Continuos empujones. Gente que a gritos pide paso. No logro tragar ni un sorbo, cuando un golpe en el codo hace que me tire la totalidad del agua por encima, la peor malparada es la malla, queda completamente empapada y yo, prácticamente sin líquido.

Cuanto más nos acercamos a las Torres Kio más público animando. A partir del Km7, en bajada, al tomar Bravo Murillo, sigue sucediendo igual, estos primeros diez kilómetros se corren sin pensar, transcurren saludando, recibiendo ánimos y sonriendo a la gente, conocida y desconocida. No hay que dejarse atrapar por el ritmo de los que corren la media, a partir de este punto se nota el acelerón que pegan.

De momento el escenario en el que me he movido no me ha permitido pensar demasiado, lo que es bueno, ahora llevo muy relajada la cabeza. El cuerpo también continúa genial.

Del Km11 al 20.  Hagamos bien las cosas.

Al enfilar Raimundo Fernández Villaverde se agradece el tramo en descenso, vamos relajados y eso nos permite seguir saludando a conocidos, como a Jaime Collado y Jaime Quiroga sobre el puente.



Hace un kilómetro que debía haber tomado mi primer gel, no me he atrevido a bajar la guardia y dejar de prestar atención a la aglomeración de alrededor. Aguardaré un poco más. Tanto Francisco Silvela como Serrano se suceden sin problema, 13 kilómetros menos que quedan para el final. Y alcanzamos la separación de la media y el maratón, en el Km13,5, a la fiesta de los corredores despidiéndonos unos de otros se mezcla la que tienen montada los Drinkingrunners, bastante antes de lograr verlos ya escucho las voces de Pablo Carmenado y Alberto Barrantes por el megáfono. Toca chocar manitas con los que están dispuestos en fila, Jorge Depe, María Matilla, Chema Ocaña y demás compañeros a los que agradezco la dosis de energía que nos metéis en el cuerpo para un largo trecho.

Adiós a Almagro y tras superar el Km15 toca Santa Engracia una de las zonas que no me gusta demasiado, se me hace larga y logra ponerme nerviosa, por el deseo de dejarla atrás. Los voluntarios de Madridpatina comienzan a tener constante trabajo con el Reflex. Quienes portan la vaselina apenas son reclamados por algún corredor. Es el momento de agarrar la bolsa de pasas y entretenerme un rato masticando.

Me sitúo en el Km18 sin ninguna complicación, deseando atravesar Gran Vía, con su clamor de público, una zona habitualmente concurrida a diario, hoy lo está aún más.

El calor pesa. El sol molesta. En cuanto diviso Preciados, el corazón se me acelera, siempre es así, inevitable, era el lugar en el que año tras año aguardaba a mi hermano en sus maratones. Gritan mi nombre a la izquierda, gracias Paloma Rodrigo por la foto. 



Disfrutamos. Corremos. Hay corredores muy serios, no levantan la vista del suelo ni un solo segundo. La felicidad existe, para mí es este tramo desde Gran Vía hasta la entrada a la Casa de Campo, estaría recorriéndolo repetidamente hasta agotarme. Entre cientos de caras desconocidas, distingo la de Javi Pintos, con su camisa blanca impecable, metros antes de la Puerta del Sol. A partir de aquí temo no ver a Pedro, o que él no me descubra a mí y permanezca aguardando. Acordamos el encuentro en la calle Mayor, pensando que estaría más despajada y es casi como Navidad, cuando se espera a los Reyes Magos. Afortunadamente coincidimos, me relajo hasta nuestro siguiente punto. 




Algo más adelante, nuevamente instalados Jaime Collado y Jaime Quiroga.

No sé si debido a la alegría que llevo dentro o a que empiezo a bajar la guardia, si no es por un chico que me agarra del brazo allí termino la mañana, antes de ver Bailén. Tropiezo en un gran socavón de la carretera y casi caigo de cabeza.

La idea era, ritmo constante y no forzar antes de la media.

Del Km21 al 30. Objetivo: salir entera de la Casa de Campo.

Las emociones del momento no han desaparecido.  La grandeza de la Almudena y el Palacio Real contrasta con el tamaño de los corredores. Veo grupos de gente cantando, con panderetas, pompones…, a Agustín Rubio, como todos los años, y sus Tigers y, cómo no, al jefe gacela, Román, también habitual de este rincón.


Foto de Román, Gacela de Vallecas

En la calle Ferraz superamos el Km21 con fortuna. Y nuevo avituallamiento al que se une el plátano, a los tapones y vasos, ahora añadimos la colección de cáscaras sobre el asfalto. Hay que correr como por un campo minado, sin dejar de mirar dónde colocamos los pies.

Conviene ir centrando la cabeza en la parte final. Principalmente para los kilómetros en los que la animación disminuye bruscamente y el cansancio puede hacer mella en nosotros. Somos muchos más los que competimos solos que los que marchan agrupados. Me da por observar las caras de los corredores y la concentración o el retraimiento es lo que destaca en la mayoría de ellas.

Del Paseo de Ruperto Chapí a la larga Avda. de Valladolid. En el Km24 decido tomar un gel, lo abro, y me distraigo con una chica que lucha para que su perro deje de ladrar, al animal no le gusta tanta gente moviéndose frente a su hocico, la humedad que recorre mi mano me devuelve a lo mío. La mitad del gel corre entre mis dedos, me veo obligada a malgastar casi toda el agua en limpiarme la mano. En Príncipe Pío reaparece el público, nos aplauden, agitan banderitas… es inevitable creerse importante, los críos incesantemente asienten con la cabeza y sonríen al mirarnos.

En el Km26 llega el siguiente avituallamiento. Alargo la mano, instintivamente, y en lugar de una botella me plantan dos geles, también pegajosos, ahora llevo ambas manos en condiciones lamentables. Unos metros más adelante recojo el agua que sé que voy a malgastar, por lo que decido tomarme un vaso de Powerade y de cabeza a la Casa de Campo.

No tiene que ver esta parte ahora con la que hubo hasta 2013. Personalmente me relaja, me permite establecer un esquema de la situación y meditar cómo afrontar los últimos kilómetros. Además, tantas tardes metida aquí entrenando, sola, deben servir para algo. Junto al camino, corredores estirando, sentados en el suelo retorcidos de dolor, caminando cojeando… no es alarmante, aunque ellos no piensen igual, en el maratón hasta la más leve rozadura ya es una gran contrariedad y estas paradas por el Km27 y 28 pasan factura. Me alegro mucho de ver a Susana Izquierdo, siempre me grita con tanto entusiasmo “vas genial María” que me lo creo totalmente.


Foto de José Carlos Juárez

Según me acerco al metro de Lago nuevo acelerón del corazón. Aquí sí que necesito ver a Pedro, regarme prácticamente con el Reflex, los gemelos llevan rato dándome ligeros pinchazos y la cintilla izquierda ya es una parte que no dejo de tener en cuenta ni un instante. Se le ve bien. Está situado alejado del tumulto pegado a la estación. ¡Qué casualidad que también se hayan situado allí Rafa Gómez Cambronero y Jose Escudero! El próximo encuentro será en el Retiro, él tiene muy claro que llegaré, yo… creo que también lo siento así. Queda lo más intenso. Del Paseo de la Puerta del Ángel, a la Avenida de Portugal, con su pronunciada bajada, a la gloria, o al infierno, depende.

He logrado completar los 30 kilómetros en menos de tres horas.

Del Km31 al 40. El momento de la verdad.

La sucesión de paseos que nos aguardan no lo son en absoluto en estos momentos para nosotros, de la Ermita del Santo a la Virgen del Puerto. Las piernas van cargadas, el cansancio se nota, este tramo no es bonito precisamente. A partir del Km33 subimos, cada zancada hay que medirla bien, ir pendientes de no tropezar con los compañeros que se paran en seco, de los peatones que se ponen nerviosos y cruzan por el medio, obligándonos a frenar.

Kilómetros en los que pienso poco sobre lo que sucede en ese instante, quiero llegar a Atocha, la antesala del sueño, inevitable replantearse el sufrimiento que supone correr un maratón, si ahora tuviese que tomar una decisión sería la de no correr nunca más otro, así de claro lo tengo, así de tontos son los pensamientos que me asaltan cuando las fuerzas merman.

El en Km35 decido tomar el último gel. Los voluntarios no paran de gritarnos que lo hemos logrado, que el final está muy cerca, sí, o lejos, las diversas visiones varían según la situación de cada uno. Reconozco que no he llegado tan genial en ningún otro maratón como hoy, según lo pienso, me recorre un escalofrío por la espalda, aquí no hay nada ganado hasta acabar por completo.

Mi ritmo ha caído, la zancada es más corta, no dejo de avanzar. Muchos corredores andan, otros se rinden en este punto, los brazos abatidos y la mirada baja hacen pensar en la derrota. No hay que dejarse arrastrar, solo seguir… continuar… paso… paso…

Veo el cartel del Km36, el conocido Paseo de las Acacias, innumerables las veces que he transitado por aquí. En cuanto supere la Glorieta de Embajadores de nuevo llegará el tumulto y la animación. Sentir a la gente renueva las fuerzas, quedan pocas, pero las hay. La anhelada Atocha y a proseguir con la subida, manteniendo la distancia de seguridad para evitar chocar con quienes se clavan sobre el asfalto. Alrededor gente llorando, andando, para algunos no está todo perdido. Es el momento de ¿y si me pasa lo mismo? No, hoy no es el día, quizás otro… esta mañana he salido a ganar, sé que en cuanto traspase la barrera de animación de los DrinkingRunners en el Km39 iniciaré un leve paladeo de disfrute, tímido, cauto, no conviene despreciar ni los ciento noventa y cinco metros, nunca se sabe, solo se termina del otro lado del arco.


Foto de @Edutri3

Efectivamente, ese punto es un gran empuje. Primero veo a María Matilla, le estrecho fuerte la mano. A continuación todos los demás Drinking. Maite Rodríguez, pizarra en mano, se lanza a correr a mi lado, me grita, me pregunta cosas… llevo la emoción clavada en la garganta, complicado hablar en estos momentos. Solo puedo darle las gracias, repetidamente. Mientras me despido, aparece Pablo Carmenado, sé que está contando algo por el megáfono al resto de la gente, no logro atrapar las palabras, se interesa por mí y me grita “vas genial, vas muy fuerte”. En parte tiene toda la razón, llego mejor que en otras ocasiones al Km40, Goya y Velázquez me renuevan los ánimos.


Foto de Maite Rodríguez
Foto de Drinkingrunners

Del Km41 a Meta. Los sueños se cumplen.

El tramo final es una película a cámara muy rápida, aunque el ritmo no lo sea. Las imágenes se suceden encadenadas sin darnos tiempo a asimilarlas. Por Príncipe de Vergara en el Km41, no puedo decir que me entere perfectamente de lo que sucede alrededor. Corro en automático, con la visión de la meta clavada en la mente. En un giro leve de cabeza descubro en la acera a Raimundo Zárate y Belén Delgado, los recuerdos de mi primer maratón pasan rápido en segundos. Retomo la concentración, tanto, que casi choco con Christian Camacho cuando se coloca delante para fotografiarme.


Foto de Christian Camacho

No quiero mirar a nadie más. Deseo entrar en el Retiro. Esa valla y el contacto con el Paseo de Fernán Núñez me inundan de fuerza. Podría tratar de igualar la marca anterior de Madrid, podría centrar la mirada en el crono y correr… correr, no es éste mi deseo, en absoluto. Muy al contrario demoro la marcha, disfruto del momento, saboreo la dicha que siento. Busco a Pedro entre la multitud del lado izquierdo. 



Logro distinguir a Fco. Javier Domínguez, que afirma con la cabeza y me sonríe. Y por fin, el rostro de Pedro, le grito con todas mis ganas “lo he logrado”, y salto, moderadamente, no vaya a fastidiarlo ahora. Cruzo la meta sin poder dejar de sonreír, completamente llena de energía interior, que contrasta con el gran cansancio que se ha apoderado de mi cuerpo. Recojo la medalla y al sentir su tacto sé que volveré a hacerlo, este maratón no será el último.






Me siento satisfecha, de lo logrado, de lo aprendido, de lo vivido, de todo lo que se puede compartir en unas cuantas horas.


Foto de Vizcacha

Fotos de José Luis Basalo





Saludos, abrazos, besos,


María Caballero
@MCG66Madrid




lunes, 11 de abril de 2016

Media Maratón de Madrid 2016


Madrid, 3 de abril de 2016 – 9:00 horas


De nuevo llega una de las mejores carreras de Madrid, por el ambiente, por el recorrido, por el público que se vuelca con nosotros por las calles y porque en ella coincidimos muchísimos amigos, conocidos, tanto de aquí como de otras ciudades.

La mañana amanece con una temperatura ideal, cálida, para que no tengamos dudas de lo que debemos ponernos, será un error correr muy abrigados, y además el cielo nublado, sin mucho interés en despejar las nubes.

Lo peor de esta media es el tiempo que hay que invertir antes de comenzar. Hay que entrar al Retiro, recorrer el Paseo de Uruguay si accedemos desde Atocha, o el Paseo de Fernán Núñez si lo hacemos por Príncipe de Vergara, hasta encontrar el ropero. Tras dejar nuestras bolsas de nuevo atravesaremos el Paseo de Uruguay hasta alcanzar Claudio Moyano y recorreremos el inicio del Paseo del Prado para acceder a los cajones de salida.

Nada más pisar el Retiro ya coincido con un buen número de gente.



A las ocho de la mañana en los roperos no hay colas, prácticamente es llegar y dejar la bolsa.


Otro asunto diferente son los baños, hay que invertir bastante paciencia, más las mujeres, ya que únicamente han colocado dos y la cola durante largos minutos no avanza. Alicia y yo decidimos desistir de entrar en estos y probamos en los que hay en el Paseo del Prado, con igual o peor resultado, para nosotras hay cuatro nada más y también hay que dedicar largo rato. Alicia finalmente aguarda, y yo desisto, prefiero destinar el tiempo que me queda a ver a más gente. 

Foto de Alicia Mahíllo

El punto de encuentro es la estatua de Velázquez del Museo del Prado, donde da igual si somos RetoDravet, Drinking o Instarunners, aquí nos reuniremos todos antes de comenzar. Hoy hay bastante gente de fuera de Madrid que ha decidido unirse como Susana Alfageme, Iñaki Díaz, Raquel Ginés, Vanessa Echave y Martín Vallejo.



Cada uno tenemos un objetivo muy diverso en esta prueba, el mío es que esta media me sirva como test para decidir cómo afrontaré el Maratón de Madrid el próximo 24 de abril. Pronto me despido de la gente y trato de acceder a mi cajón, lo que en principio resulta bastante complicado, con calma, voy avanzando entre los corredores y logro colocarme junto al cartel que marca 1h50m.

Del Km1 al 5.

A las 9 de la mañana dan la salida para los participantes en handbike. Cinco minutos después la tomaremos el resto de corredores.

El inicio es bastante fluido, logro correr al ritmo deseado sin problema. La gente nos aplaude entre gritos de “vamos…, vamos”. Este Km1 es el más sencillo de todos, por las ganas con las que iniciamos la media y por lo descansados. Poco después de sobrepasar el cartel que lo marca, aparece Susana Pecharromán con el globo de 1h.45’, suponen una gran ayuda las liebres para quienes quieren y pueden seguirlos. Las dos nos deseamos suerte para lograr colocarnos en la salida del maratón sin contratiempos.

En el tramo de Alcalá, subiendo por la Plaza de la Independencia hasta Velázquez ¿por qué hay tanto corredor que se pone tan nervioso? Queda mucho, no tiene sentido ni empujar, ni gritar como locos al resto para pasar.

No ha concluido el Km2 y me adelanta, con bastante buen ritmo, Quique Alcalá. A mí me gusta esta situación de saludar y despedir a gente conocida, verles avanzar, perderlos entre la multitud, permanezco igual de tranquila, sin variar el ritmo.

Un trecho después, tras completar el Km3, y la primera subida, escucho perfectamente su voz mucho antes de que llegue a mi lado. Es todo un espectáculo José Luis Basalo, liebre de 1h50’, animando, soltando bromas… me da un beso y avanza, sin perder ni una pizca de energía ni de simpatía.


Sobre el Km4, reconozco su espalda, con la camiseta morada de RetoDravet. Me cuesta alcanzar a Rodrigo Prados, no desisto, y logro colocarme a su lado. Charlamos bastantes metros y pronto reanuda su marcha.

Y llegamos al punto más ruidoso de toda la mañana, el Parque de Bomberos de Santa Engracia, por el Km5, con sus sirenas, sus aplausos, sus frases de ánimo. A partir de aquí iniciaremos una nueva y larga subida.

Los primeros cinco kilómetros me parece que pasan en nada. Me pesa la temperatura y el calor que llevo, tengo ganas de beber.

Del Km6 al 10.

En el Km6 encontramos el primer avituallamiento. Voluntarios muy jóvenes se lían algo al pasarnos las botellas; unos les quitan el tapón, otros no las dan cerradas. Algunos corredores nos vemos obligados a cogerlas directamente de las mesas ante la aglomeración de personas que se está formando. Trato de alejarme de la zona rápidamente para empezar a beber.

Comienza el ascenso hasta Plaza de Castilla, nuestro viejo tramo conocido, no conviene emocionarse, aún llevo fuerzas de sobra por hallarme muy al principio, lo malo será malgastarlas a mitad de la carrera. Me lo tomo con tranquilidad y contemplo esta parte de la ciudad, a diario masificada y a esta hora del domingo, a no ser por nosotros, prácticamente vacía.

Nos situamos en el Km7, por Cuatro Caminos, siempre le temo a este lugar, el olor de las diversas cafeterías, panaderías… me despierta el hambre, y ya me acompaña hasta el final.


En el Km8 su última subida nos da una idea parcial de todos los corredores que llevamos delante, al contemplar el asfalto, repleto de múltiples colores, en su punto más alto.

El conjunto de corredores avanzamos de forma fluida, hay espacio para quienes desean adelantar, pronto coronaremos la Plaza de Castilla y el Km9, una de las zonas con más animación de público, un empujón de moral y más cuando descubro a Baldo Taravillo y Rafa Monroy, choque de manitas con ellos y me alejo, justo cuando alguien grita mi nombre y descubro a Miguel De Lucio sonriéndome.

A partir de ese punto agarramos una nueva bajada que durará prácticamente hasta el Km18. Toca subir el ritmo para los próximos kilómetros.

Del Km11 al 15.

Poco después del segundo avituallamiento, en el Km11, aparece una chica en handbike, creía que los llevaríamos a todos delante, va gritándonos para que abramos paso y se forma algo de caos, algunos nos replegamos hacia la izquierda y otros hacia la derecha. Si para nosotros la empinada y breve subida de la Avenida de Pío XII es dura, para ella supone un tremendo esfuerzo. Unos corredores se colocan detrás y no tienen muy claro si empujarla o dejarla hacer su trabajo. Finalmente lo logra sola y entre gritos se va abriendo paso a toda velocidad cuesta abajo.

Iba tan concentrada en este episodio que casi ni me entero que Nacho Cepero se ha colocado a mi derecha en el Km12. Como hicimos en la Media de Latina, aprovechamos los metros corriendo juntos para comentar nuestra preparación para el Maratón de Madrid. Al ver a María Matilla, se despide, y me quedo hablando con ella. Va con el freno de la silla roto y serias dudas de si podrá terminar la media. Como va bien acompaña por Jesús decido continuar.

Al situarme en Príncipe de Vergara, simplemente corro, solo presto atención a la animación de la gente y a las caritas infantiles que parecen querer impulsarnos con su sonrisa. Es el recorrido ideal para relajar la mente y tratar de ajustar el ritmo que me permita afrontar sin problema el trayecto final.

Del Km16 a meta.

En este último avituallamiento del Km16, decido conservar la botella, al menos hasta Atocha, es conveniente enfrentarnos al tramo final bien hidratados.

Ya no nos quedaremos solos los corredores, hay muchos animadores. Los Kms 16 y 17 de Menéndez Pelayo son los que hago a mejor ritmo, entre el público y las ganas de concluir corro muy a gusto, además es un tramo cómodo. Me angustia un poco no localizar a Pedro entre tantas personas, avanzo… dejo atrás muchas caras... y no logro verlo, me daría rabia no coincidir y que él no sepa si he superado estos kilómetros o no. Casi al final del Km17, por fin, nos localizamos.


Pronto llegará la fiesta, en cuanto dejemos atrás el Km18, el Paseo de la Reina María Cristina y la alegría de ver, como todos los años, a la gente de Running Company animándonos en la puerta, nos enfrentaremos a la lucha con el final de la prueba.

Nos alejamos de Atocha, nos acercamos al Km19, coincidimos, una vez más, Alfonso XII, es la quinta Media de Madrid en la que nos encontramos, ya no te temo, sé que no serás fácil, nunca lo eres, aquí los gemelos se me resienten de subir… bajar, voy relajada sé que ya no pierdo el aliento, ni el ritmo, miro hacia delante y me dispongo a sortear a la gente que va caminando, a los que, con fuerzas justas, ascienden como pueden y solo debo pensar en ese arco dentro del Parque del Retiro.

Los gritos de Marta Chavero, en la Puerta de Alcalá, me sacan de mi ensimismamiento, me acerco a ella, chocamos las manos y me encaro con una sonrisa al repecho de Alcalá, que tampoco se queda atrás por duro. Me quedan fuerzas para adelantar corredores, saludo a Yolanda Rodrigo, trato de subir el ritmo, queda poco, tengo energía y, ¡al fin!, la entrada al Parque, la gente gritándonos, los que avanzan tranquilos frente a los que nos lanzamos a sobrepasar esa Meta corriendo lo más rápido que podemos en estos instantes, gritando, subiendo las manos, felicitándonos interiormente porque, de nuevo, hemos sido capaces de concluir una carrera.

Gracias Fco. Javier Domínguez por la foto

17 medias maratones superadas y cinco de ellas
han sido en ésta de Madrid

Gracias a todos por hacer de este deporte algo realmente maravilloso, sin conoceros, no tendría ni la mitad de sentido participar en tantas carreras.



Foto de José Luis Basalo


Nos volvemos a ver el 24 de abril corriendo el Maratón de Madrid.

Saludos, abrazos, besos,


María Caballero
@MCG66Madrid






viernes, 1 de abril de 2016

Feria del Corredor de la Media Maratón de Madrid 2016



Madrid, 31 de marzo de 2016 – 18:00 horas


Llega una de las carreras en las que, prácticamente, todos los corredores populares deseamos participar, la Media Maratón de Madrid, como, al menos yo, la llamamos y seguiré haciéndolo. La organización va alargando y complicando su nombre y resulta que ya es “Asics Half Marathon Madrid 2016”.

Lo primero recoger el dorsal y la bolsa del corredor

Contenido bolsa del corredor

Bolsa del corredor

La ONG Avanza recoge alimentos para familias
desfavorecidas en la Feria

Muchos conocemos a Avanza porque también
están en la San Silvestre Vallecana

En la web han vuelto a promocionar su Feria del Corredor, esta vez en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, como siempre. Es la quinta Feria a la que asisto y en esta ocasión la descubro bastante más reducida que en anteriores ediciones. El robo que sufrió este evento el 28 de marzo de 2015 en el Pabellón de Convenciones, ha pasado factura sin duda y son muy pocos los stands para visitar. Se puede considerar muy desangelada y se nota nada más llegar, siempre acudo el jueves por la tarde, y encontrarla prácticamente vacía, es algo poco habitual.





La mayoría de la gente recoge el dorsal y en media hora está fuera, las dos o más horas de otros años no han existido, a no ser que hayamos decidido forzarlas y dedicar tiempo a charlar con los amigos con los que coincidimos tranquila y relajadamente, porque no había ni molesto ruido ambiente.



Mercedes nos va adoptando a muchos corredores que año tras año
conoce como voluntaria en tantas carreras

Foto de Chema Ocaña

No sé si esta situación es puntual por lo acontecido en 2015 o la Feria del Corredor, tal y como la conocimos, terminará desapareciendo. La respuesta la obtendremos en los próximos años.

Nos dimos de alta en el diario Marca



Y nos obsequiaron con una foto en papel y soporte digital

Os veo el domingo, con el dorsal bien colocado y las mismas ganas de correr de siempre.

Saludos, abrazos, besos,


María Caballero
@MCG66Madrid





martes, 22 de marzo de 2016

Media Maratón Ciudad Universitaria 2016


Madrid, 13 de marzo de 2016 – 9:30 horas

Continúo con la idea de conocer el mayor número de carreras posibles, y últimamente, más aún las medias maratones, una distancia que cada día me gusta más, con la que disfruto y que me está permitiendo evolucionar bastante como corredora.

Este domingo toca la Media Maratón de la Ciudad Universitaria, zona que también es conocida como el Campus de Moncloa, y es una competición curiosa porque la organización la denomina “la carrera para todos” ya que en una misma prueba se podrán correr 7, 14 ó 21kms, dependiendo de los deseos de cada corredor.



El recorrido es un circuito de 7,353m. al que hay que darle una, dos o tres vueltas, en este último caso completaremos la media maratón. Durante la carrera, en cada vuelta, se accede a las instalaciones del Complejo Deportivo por la entrada de los vehículos y sólo hay que prestar atención a los dos carteles que porta uno de los voluntarios ahí situado para continuar, uno indica 14 y 21kms y el otro meta.




La salida, situada junto a las instalaciones deportivas del Complejo Deportivo Sur de la Universidad Complutense, en la Glorieta del Cardenal Cisneros, es conjunta para las tres distancias. La meta, igualmente común, la hallaremos en la pista de atletismo.



El precio de las inscripciones van desde los 15€ en enero, a 25 para los dorsales adquiridos el día de la prueba.

Al recoger el dorsal nos dan a elegir entre camiseta,
manguitos, libros, ...

Tras la descripción de las características, pasamos a la carrera en sí.

Una mañana en la que no hay que preocuparse de la previsión meteorológica, va a lucir el sol con total seguridad y puede que incluso pasemos calor, pero a primera hora la temperatura es muy baja, a casi todos nos cuesta desprendernos del abrigo con mucha antelación.

Al llegar veo letreros que indican que la zona del ropero y los baños están situados dentro del Complejo Deportivo, en la cancha de baloncesto. Se agradecen las gradas, es mucho más cómodo colocarnos aquí el dorsal, poder sentarnos a guardar nuestras cosas, a charlar un poco con otros corredores. Además da el sol y la temperatura es más alta que fuera del recinto.

Las colas del ropero rodean toda la cancha, ambas direcciones casi se tocan en sus finales. Son pocos voluntarios y meten cada mochila en una bolsa de plástico, le ponen una pegatina, anotan el número del dorsal… los minutos pasan muy rápido, la cola avanza muy lenta. Hasta que algunos no comienzan a repartir bolsas azules y después pegatinas y rotuladores y nosotros mismos llegamos a las mesas con todo ya preparado no fluye la larga fila.



Al subir a la Glorieta del Cardenal Cisneros para colocarme en la salida, hay muchísima gente ya. Me sitúo donde puedo. Quedan unos escasos cinco minutos y no puedo acceder a la zona delantera, tan solo me da tiempo a saludar a Manuel Abeal y a disponerme a correr.



Primera vuelta.

El comienzo es muy lento, los corredores estamos muy pegados. Al salir todas las distancias a la vez hay ritmos muy diversos y mucha gente que corre poco y despacio se ha situado en las primeras filas, lo que ocasiona un tapón complicado de salvar, a pesar de ir cuesta abajo por la Avenida de Juan de Herrera. Corremos a tirones, lo que no me gusta nada, cuando creemos acelerar, vuelta a bajar el ritmo, prefiero colocarme en un lateral y relajarme, ya llegará el momento de recuperar este tiempo perdido.

Antes de superar el cartel del Km1 hay gente andando, cargada con pesadas mochilas, les debe haber sorprendido este tramo de subida.

Sobre el Km2 puedo decir que comienzo a correr. Me sitúo detrás de varios chicos que van abriendo camino y logro agarrar mi ritmo. La Avenida de la Complutense transcurre rápido.

En el Km4 me alcanza Eduardo Labad, y tras correr casi medio kilómetro juntos me comenta que si este es el ritmo que voy a llevar se queda conmigo, tiene molestias en una rodilla y no quiere forzar. Prácticamente haremos la media juntos.

Pronto llega el avituallamiento del Km 4,9. Los voluntarios nos pasan las botellas muy rápido, algunos incluso le dan una vuelta al tapón para que nos sea más fácil destaparlas. En este punto hay público animando. Una cuesta abajo, y y tras ella un kilómetro de bajada.
Las cuestas en todo el recorrido están bien repartidas y no son de las duras que funden, al menos para los que corremos habitualmente.

Tanto el Km6 como el 7 consisten en bordear el Complejo deportivo. Es el tramo que transcurre más rápido, sabemos que no terminaremos en esta primera vuelta pero el tramo final lo hacemos a mejor ritmo. Casi al finalizar el Km6 entramos a las instalaciones, es el desvío para proseguir con la carrera o tomar el camino de la meta, se escuchan voces de unos compañeros despidiendo a otros.

Segunda vuelta.

Justo al volver a salir al asfalto, a nuestra izquierda, vemos a los corredores que llevamos detrás, saludo a Gonzalo Rincón, Miguel Zafra…

Eduardo y yo seguimos hablando de nuestros planes futuros.

La carrera se despeja bastante, un buen número de participantes ya la han terminado, ahora correr es sencillo, podemos adelantar, aunque casi no es necesario, contamos con espacio suficiente para mantener nuestro ritmo.

Sobre el Km10 coincidimos con Patricia Pérez y Luis Fernando, ya somos un número considerable para montar una buena tertulia, por las fechas en las que nos encontramos la pregunta frecuente es si participaremos en la media de Madrid y en el maratón.

Algo más adelante, al ver a Fco. Javier Domínguez, a quien, nuevamente, le agradezco las buenas fotos, no podemos evitar hacer un poco el tonto. Realmente no perseguimos un objetivo agresivo de marca, la idea es disfrutar y fortalecernos en esta distancia, perder algún minuto no nos importa en absoluto.


Foto de Fco. Javier Domínguez

Tras el avituallamiento del Km11,7 Luis nos deja para ir desde allí, a la Carrera por la Esperanza de la Casa de Campo.

Permanecemos juntos Patricia, Eduardo y yo. Es la segunda vez que tomamos la cuesta arriba para acceder a las instalaciones y se notan los kilómetros en las piernas. Son más los corredores que se desvían para terminar que los que proseguimos.

Foto de Fco. Javier Domínguez

Tercera vuelta.

Al salir al asfalto, es inevitable volver la cabeza a la izquierda por si vemos a conocidos.

Ya nos hemos familiarizado con el recorrido, sabemos cómo afrontarlo y hay que tratar de mejorar la velocidad en esta tercera vuelta.

En el Km14 Eduardo coincide con Carlos Casado y decide engancharse a su ritmo. Patricia y yo les vemos adelantar posiciones, aunque no perdemos sus espaldas.

A mí me sobra aún energía para poder ajustar algo mi marca. En el Km16 me despido de Patricia, ambas sabemos que traspasaremos ese arco. Antes del Km17 he alcanzado a Eduardo y a Carlos nuevamente. A partir de aquí, sin comentarlo siquiera, los tres aceleramos, vamos dejando corredores detrás constantemente. Llegamos al último avituallamiento de la prueba en el Km18,6, y es en el único en el que no agarro una botella de agua, ya solo voy concentrada en terminar lo antes posible.

Fotos de Fco. Javier Domínguez

Coronamos, por tercera vez, la entrada al Estadio, sobre el Km20,5, donde el voluntario nos recibe con un solo cartel y nos marca el desvío directo para la meta. La pista sobre la que haremos los últimos kilómetros es diferente a otras, de arena oscura y fina. Corremos lo más rápido posible, escucho los gritos del público, del speaker, de corredores que nos gritan desde fuera, deseosos de estar allí abajo también, busco con la vista el crono, hay varios arcos, y no deseo pararme antes de lo previsto. 

Foto de Fco. Javier Domínguez



Nada más cruzar la meta, nos abrazamos los tres y nos da un poco la risa, porque han sido 21kms que han dado para compartir muy buenos momentos e incluso para hacer los cinco últimos como si fuésemos a ganar algo, como solemos decir, dándolo todo al final.



Avituallamiento final de carrera



Saludos, abrazos, besos,


María Caballero
@MCG66Madrid




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